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¿Está inscrito en los astros vuestro éxito de Bachillerato?

por Ana Jimémez Montes 1ºX   Esta pregunta tan específica puede trasladarse a un tema mucho más general: ¿existe el destino? En caso de que sí, ¿no sería imposible entonces la libertad? ¿podemos cambiar el destino? ¿para qué hacemos cosas si el resultado de todo ya está escrito? Para dar respuesta a estos enigmas recurriremos a la filosofía, analizando diferentes puntos de vista. Estudiaremos entonces algunos textos de corrientes y filósofos de todas las épocas. Para realizar una buena disertación hemos de presentar las ideas de aquellos tanto a favor como en contra de la existencia del destino. Por un lado, veremos el destino desde el punto de vista de la escuela filosófica del estoicismo, con textos de filósofos como Crisipo. Por otro lado, apoyando la idea de que nuestro éxito depende únicamente de nuestras acciones tenemos a filósofos como Lucrecio (98-55 a. c.) y Theodor W. Adorno (1903-1969). Para empezar, observaremos los argumentos de aquellos que defienden que no esta inscrito en los astros nuestro existo de bachillerato (o sea, que le destino no existe). Ellos afirman que nuestros resultados académicos dependen únicamente de nosotros mismos y de nuestra voluntad. No influye los astros ni ninguna otra cosa, nuestra historia no está escrita en ninguna parte, solamente depende de nuestro esfuerzo, decisión y elaboración. El porvenir se escribe mientras actuamos, no está marcado en ningún libro, las constelaciones o la bola mágica de un médium. Sin embargo, los hombres y las mujeres se han entregado a la creencia de lo irracional en todas sus variantes: numerología, carta astral, astrología, posos de café... Creencias que se disfrazan y se venden como ciencias. Desde el comienzo del pensamiento (incluso antes de la filosofía) se cree en los mitos, que expresan un pensamiento mágico e irracional. La mitología forma el pensamiento primitivo y las religiones se apoyan en este pensamiento irracional (podemos ver ejemplos en el cristianismo, donde una virgen da a luz, un hombre camina sobre el agua, etc.). En la mitología y la religión la prueba, la razón, la reflexión, el análisis y la deducción no sirven de nada. No hace falta pensar, solo creer. Así, de lo irracional se valen con frecuencia los individuos retorcidos para controlar y mantener a los hombres en un estado de sujeción. La religión, fundada en pensamientos irracionales, nace de lo desconocido y se convierte en un arma que prueba ser de gran utilidad para manejar a los humanos. Pero, ¿de dónde procede y cómo se origina lo irracional? Del miedo que genera lo desconocido e inexplicable, de ahí proceden las historias. Los humanos crean ficciones para después pedirles auxilio. Esto no es más que un consuelo para no volvernos locos ante lo que no entendemos, ya que, como vimos el trimestre pasado, las personas tenemos una necesidad de sentido. Al ser incapaces de vivir únicamente según lo real y racional, los humanos construimos un mundo completamente irracional, lleno de ilusiones que crean una aparente paz. Algunas personas se aprovechan de estos consuelos para lucrarse. Por ejemplo, un médium que, a cambio de cierto dinero por su consulta, te promete entre afirmaciones vagas y generales que algo bueno te espero dentro de no mucho tiempo. A la raza humana le asusta lo desconocido, esto es indiscutible y se puede observar a lo largo de toda la historia. Por esto, al toparnos con algo a lo que no le podamos dar una explicación, nos inventamos un mundo irracional, pero que nos proporciona paz mental. Esto mismo explica y critica el filósofo alemán Theodor W. Adorno en el siglo XX: “Desde los primeros días del espiritismo, el más allá no ha comunicado cosas de mayor monta que los saludos de la abuela fallecida junto a la profecía de algún viaje inminente. La excusa de que el mundo de los espíritus no puede comunicar a la pobre razón humana más cosas que las que está en condiciones de recibir es igualmente necia, hipótesis auxiliar del sistema paranoico: más lejos que el viaje hacia donde está la abuela ha llevado el lumen naturale, y si los espíritus no quieren enterarse es que son unos duendes desatentos con los que más vale romper las relaciones.” (Theodor Adorno, Análisis crítico del ocultismo) Como dice este filósofo, el espiritismo nunca nos ha proporcionado ninguna respuesta, solo afirmaciones vagas y generales, que no nos llevan a ninguna parte. (Lumen naturale hace referencia a la luz natural de la razón en oposición a lo divino). Pongamos un ejemplo de la creación de un mito: un hombre de la edad antigua no sabe por que un rayo cae sobre un árbol. Por ello, se inventa a un Dios que controla los relámpagos y los rayos e intenta corregir a los hombres con esto, Zeus. Cuando en el siglo XX un hombre observa un rayo igual al de la edad antigua, este sabe que es resultante de un intercambio de polaridad entre nubes cargadas de electricidad y el sol. Otro ejemplo sería el origen de los humanos, en el pasado se crearon varias teorías místicas para explicarlo, pero más tarde se probó la teoría de la evolución humana. Así observamos un conflicto entre la razón antigua y la mitología contra la razón moderna y la ciencia. Vemos que lo irracional del pasado se convierte ahora en racional con una nueva explicación y deja de dar miedo, y por tanto las explicaciones místicas ya no son necesarias. Cuando nos encontramos con algo que escapa de nuestra comprensión lanzamos hipótesis basadas en fuentes irracionales, en las que no existen los límites. Así, sobre las cuestiones actualmente imposibles de resolver con el progreso de la ciencia, reina lo irracional. Sin embargo, la idea de que la mitología es una invención humana a causa del miedo no es exclusivamente moderna. Podemos encontrar textos incluso de antes del año cero que tratan este tema, como el siguiente: “[…] Por fin, cuando Debajo de los pies vacila el orbe, Cuando caen las ciudades desplomadas, Y están amenazando otras ruina, ¿Por ventura, es extraño que los hombres Se llenen de desprecio hacia sí mismos, Y reconozcan un poder más grande Y una fuerza divina extraordinaria Que a su gusto dirija el universo?” (Lucrecio, De la naturaleza de las cosas) Este texto del filósofo romano Lucrecio, escrito en el siglo I a. c. explica como el miedo es el que crea a los dioses. Los humanos asustados se los inventan para quedarse tranquilos. Las prácticas irracionales pretenden dar respuesta a problemas angustiosos. No son más que un auxilio a nuestras preocupaciones. Lo desconocido y aparentemente sin sentido no vuelve locos y nos angustia. Somos incapaces de aceptar que hay situaciones que no podemos explicar y que probablemente nunca entenderemos en su totalidad. Este afán del sentido nos lleva a ser curiosos y descubrir cosas, pero si nos topamos con algo que no somos capaces de explicar nos conduce a la locura o angustia. Por eso creamos las explicaciones irracionales y nos convencemos de su veracidad. Pensar que después de la muerte no hay nada es deprimente. La idea de que hay otra vida, en la que seremos felices y nos reencontraremos con nuestros seres querido es mucho más alentadora. Lo mismo ocurre con el destino, es mucho más tranquilizador pensar que el porvenir ya está escrito como vemos en refranes como “lo que tenga que pasar, pasará”. Estar a merced de un destino o un ser omnipotente nos excluye de responsabilidad sobre nuestra vida. Theordor Adorno también dice lo siguiente: “En el contenido burdamente natural del mensaje sobrenatural se revela su falsedad. Al intentar echar mano a lo perdido allá arriba, los ocultistas no encuentran sino su propia nada. Para no salir de la gris cotidianidad, en la que, como realistas incorregibles, se hallan a gusto, el sentido en el que se recrean lo asimilan al sinsentido del que huyen. El magro efecto mágico no es sino la magra existencia de la que él es reflejo. De ahí que los prosaicos se encuentren cómodos en él. Los hechos que solo se diferencian de los que realmente lo son en que no lo son se sitúan en una cuarta dimensión. Su simple no ser es su qualitas occulta. Proporcionan a la imbecilidad una cosmovisión. Astrólogos y espiritistas dan de un modo drástico, definitivo, a cada cuestión una respuesta que no tanto la resuelve como, con sus crudas aseveraciones, la sustrae a toda posible solución. Su ámbito sublime, representado en un análogo del espacio, requiere tan poco ser pensado como las sillas y los jarrones. De ese modo refuerza el conformismo. Nada favorece más a lo existente que el que el existir como tal sea lo constitutivo del sentido.” (Análisis crítico del ocultismo, Theodor Adorno) Lo sobrenatural se inventa como una forma de conformismo, para estar tranquilos sin cuestionarse el mundo. Esto refuerza todas nuestras ideas anteriores. No hay ni un solo hecho probado que respalde ideas irracionales como las mencionadas y aún así, son muchos los que lo creen sin pensárselo dos veces. Creamos estás ideas irracionales para ser felices. Sin embargo, este auxilio que nos proporciona es generalmente puntual, pues no se cumple. Por ejemplo, si visitamos a un médium que al ver nuestro futuro nos asegura que el próximo verano será increíble, estaremos felices pensando en el futuro que se avecina. Cuando este verano llegue, puede que casualmente se cumpla la premonición y sigamos siendo felices, pero si por el contrario el verano no es bueno la felicidad y el auxilio de lo irracional solo habrá sido puntual. Esto nos lleva de nuevo al problema del situacionismo del que hablamos el trimestre pasado, ¿es mejor ser felices en la ignorancia o ser conscientes de lo real? Este problema aparecía con la sociedad del espectáculo y reaparece ahora con el mundo irracional que nos inventamos a modo de auxilio. La filosofía, por otro lado, nos proporciona medios para dominar nuestro destino y no quedar a la merced de los mitos irracionales. Sin embargo, también tenemos corrientes filosóficas que creen en el destino, de una manera ni mágica ni mitológica. Los estoicos defienden su propia idea de destino, una idea alejada de las fuentes irracionales. Según esta corriente filosófica, todos los eventos de la historia están conectados con los eventos antecedentes que los causan, y ellos son a la vez las causas antecedentes de lo que seguirá. Esto se llama “determinismo causal”. Los eventos ocurren por que son causados por eventos anteriores, y estos eventos anteriores fueron causados por otros aún más anteriores, y así sucesivamente hasta comienzo del mundo y llevando todo el camino hacia el fin del mundo. Nunca ha habido y nunca habrá un solo evento que no sea causado. En esta secuencia de causas es llamada por los estoicos “destino”. El filósofo Cicerón dice lo siguiente: “Por destino me refiero a un ordenamiento y secuencia de causas, ya que es la conexión de causa a causa que de si misma produce algo. En consecuencia, no ha sucedido nada que no iba a suceder, y tampoco nada va a ser que la naturaleza no contenga causas que actúen para producir eso mismo. Esto hace inteligible que el destino no debería ser el destino de la superstición, sino el de la física, una causa eterna de las cosas: por qué sucedieron las cosas pasadas, por que están sucediendo las cosas presentes ahora y por que sucederán las cosas futuras”. Así dice que lo que va a pasar esta predestinado a ocurrir por sus causas anteriores, y no por una explicación mística. Toda la historia del mundo es exacta y precisa. Podríamos pensarlo como una red causal de hilos causales interconectados. Esta teoría del destino rechaza la irracionalidad del destino místico. Para los estoicos el destino es la red natural y universal de causa y efecto. Pero entonces, ¿no podemos tomar decisiones? Nadie puede elegir nunca hacer nada. Si entre A o B escogemos A es por que estaba predestinado a ocurrir así. ¿No significaría eso entonces que no somos libres? Si todo esta destinado a ocurrir de una manera, ¿cómo puede ser que los estoicos crean que somos agentes libres? ¿somos responsables de nuestras propias acciones acaso? Si un evento A está destinado a ocurrir, ¿Por qué tratar de provocar que suceda A? Sucederá sin importar lo que haga, ¿tampoco podemos entonces tratar de impedir A? Si estoy malo no he de molestarme en ir o no al médico, ya que mi recuperación o no recuperación ya esta predestinada y no puedo hacer nada para cambiarlo. Esto se llama el argumento perezoso y los estoicos saben como responder a él. Crisipo, filosofo de esta corriente, dice lo siguiente en relación con el argumento perezoso: “La no destrucción del abrigo de uno no está predestinada simplemente, sino que está ligada a que se cuide de ella, y el hecho de que alguien sea salvado de sus enemigos está emparejado con su huida de esos enemigos; y tener hijos está asociado con estar dispuesto a acostarse con una mujer. Porque muchas cosas no pueden ocurrir sin que estemos dispuestos y de hecho contribuyamos con un fervoroso afán y celo por estas cosas, ya que estaba predestinado que estas cosas ocurrieran en conjunción con este esfuerzo personal”. Lo que Crisipo está diciendo es que el argumento perezoso se enfoca únicamente en el resultado final de una serie de acciones, sin darse cuenta de que ese resultado está predestinado por sus causas anteriores. Por lo tanto, el argumento perezoso no es válido para desmontar la teoría estoica del destino. Sea como sea, hemos llegado a un callejón sin salida, no es posible probar la existencia ni la no existencia del destino. Aún así, después de comentar ambos puntos de vista, podemos usar la lógica para resolver este enigma. A lo largo de la historia ha habido muchos sucesos inexplicables en ese momento de los cuales se han originado creencias sin fundamento racional para darles una explicación. En la mayoría de estos casos, se han encontrado causas científicas para tales hechos. En el resto, aún no hay una explicación probada, pero en ninguno de los casos se han podido confirmar las teorías mágicas. Haciendo uso de la lógica inductiva podemos ver que se construye un patrón: siempre que se prueba la causa de algo que anteriormente escapaba a nuestro entender, es una causa científica y racional. Por tanto, podemos inducir que los misterios inexplicables que aun acaparan nuestros pensamientos no son diferentes a los del pasado y son simplemente fenómenos que todavía no hemos llegado a entender, pero que algún día haremos, demostrando que no hay una magia detrás. Si bien es cierto que hay una conclusión lógica, no podemos afirmar de forma rotunda que el destino no existe. Es algo que actualmente no podemos asegurar, ya que siempre puede aparecer una excepción a lo ocurrido hasta el momento. Es complicado (por no decir imposible), al menos en la actualidad, probar la existencia o la no existencia del destino. Cada uno es libre de tener su opinión y creer en lo que quiera. Estos temas se pueden debatir, pero hay que recordar hacerlo desde el respeto y sin afirmar la superioridad de tu propio punto de vista. Debes estar dispuesto a escuchar los argumentos de la otra parte y es importante no caer en falacias para demostrar nuestras ideas al respecto de este tema. REFERENCIAS Adorno, T. (1951) Mínima moralia, tercera parte: Análisis crítico del ocultismo. Lucrecio (siglo I a.c.) De la naturaleza de las cosas, versos 1700-1800. Onfray, M. (2001) Antimanual de filosofía. EDAF. [¿Qué Haría Un Estoico?] (2021) El Destino Según Los Estoicos [Vídeo de Youtube] https://www.youtube.com/watch?v=_OAdpmXie18

CRISTINA MORALES SARO

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25 de mayo de 2022

Ensayos/disertaciones, Filosofía

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