Centennials:
Una generación crecida en las redes.

Por: Soraya Mateo Aumente.
Resumen.
La generación «centennial» (nacidos entre el 1995-2010), más conocidos como generación Z, ha crecido en un entorno digital con un fácil acceso a la información y a las diversas redes sociales como Instagram o TikTok. Esta generación de nativos digitales interiorizó desde la niñez las nuevas tecnologías, las cuales han moldeado la forma en la que ellos interaccionan, aprenden y consumen la información. Las redes sociales no son solo tratadas como canales de comunicación, sino como espacios de expresión y construcción de la identidad, abordando temas sociales como el movimiento #MeToo.
Esta dependencia de los centennials hacia la tecnología saca a luz cuestiones serias. Un ejemplo sería el incremento del ciberacoso que llega a afectar a la salud mental de los jóvenes. A pesar de que el uso de la tecnología aporta ventajas, como una comunicación rápida. Es verdad que han alterado las dinámicas de las relaciones interpersonales, generando así un sentimiento de aislamiento.
Además, que la siguiente generación (la generación Alpha) no concibe un mundo sin tecnologías, lo cual presenta ese riesgo potencial al no entender el impacto negativo de un uso excesivo de estas herramientas digitales. La idealización del mundo que se crea a través de plataformas sociales acaba distorsionando la realidad y contribuye a generar problemas en el desarrollo cognitivo y social. Es importante considerar las repercusiones que está inmersión digital tiene en el bienestar general y salud mental de esta generación de cristal y la posterior.
Un uso excesivo de las redes sociales entre los jóvenes también provoca daños emocionales y en la autoestima. Pues al comprar sus vidas con las de los perfiles que siguen acaba generando en mucha aversión hacia su estilo de vida e incluso hacia ellos mismos. Lo que sin duda alguna genera ese deseo de ser algo que no son. Esto acaba resultando en una pérdida significativa del tiempo en los medios sociales, creando así un estrés innecesario y comportamientos impulsivos. Esa rapidez de las redes sociales hace que sea fácil la propagación de contenidos sin reflexión, perjudicando el control de las emociones personales. Esto se demuestra cuando muchos jóvenes acaban buscando validación en «likes» y comentarios, generando así inseguridad y ansiedad.
Aunque esta generación este unida, se siente sola. La presión social y académica, así como la frustración derivada de las redes sociales son las causas. Pues las expectativas irreales que tienen colapsan con la realidad de no satisfacer siempre sus necesidades, ya sean de desarrollo personal o de éxito profesional. Esto lleva a la indiferencia y desánimo de los centennials hacia los métodos de educación y laborales tradicionales, los cuales muchos ya los consideran insuficientes. Lo que demuestra que la mayoría de los jóvenes no tienen las herramientas emocionales necesarias para enfrentarse a las dificultades de la vida adulta, debido a la sobreprotección paternal.
Los padres asumen continuamente el rol de guía, llevándolos a dar a sus hijos respuestas inmediatas. Lo que perjudica la resiliencia e independencia de sus hijos, a pesar de que los padres no buscan eso. Esta dinámica da como resultado a jóvenes con baja tolerancia a la frustración, dificultades para manejar el estrés y cumplir metas a largo plazo. Esta situación se agrava por culpa de las redes sociales, pues estas promueven el consumo de información rápida. Contribuyendo a la mentalidad de rapidez en los jóvenes.
Además, los jóvenes que han sido criados con fácil acceso a las nuevas tecnologías presentan conductas inadecuadas debido a la polarización y la nula capacidad de pensar en los demás. Estos comportamientos se manifiestan en una búsqueda obsesiva de admiración extrema, además de tener una actitud arrogante que minimiza los logros ajenos. Los individuos con estas conductas tienen expectativas irreales sobre merecer un trato mejor que los otros, llevándolos a frustraciones cuando no lo obtienen. También estos individuos muestran tener falta de empatía, ignorando necesidades ajenas y priorizando sus deseos de forma completamente egoísta. Con ese comportamiento respaldan el lema «JSS» (Just Survive Somehow), lema que da importancia a buscar la satisfacción propia a cualquier costo.
En este artículo vamos a tratar como las personas de la generación Z ven su mundo a través de las redes sociales. También trataremos como esto afecta a sus emociones y los lleva a ser individualistas en una sociedad que necesita cada día más pensar en el prójimo. Además de que vamos a proponer tres puntos interesantes que darán mucho en que pensar, sobre todo cuando hay una adicción a las redes sociales con sus consecuencias, las cuales nunca suelen tenerse en cuenta (sobre todo los centennials) a la hora de usar las plataformas digitales.
Índice

- Introducción.
- Las redes sociales.
- Las emociones de la generación Z.
- Individualismo y «JSS».
- Conclusión.

Introducción.

La generación “Z” o “de cristal”, también conocida como “centennial”, está formada por personas que nacieron entre los años 1995 y 2010. Éstas tienen la característica de haber nacido en un mundo marcado por el desarrollo tecnológico y un acceso inmediato a la información. A diferencia de otras generaciones, se cree que los nacidos en estos años son nativos digitales, pues han estado expuestos desde la infancia a los dispositivos electrónicos y a todo lo relacionado con estos. Este hecho es sin duda algo que moldeó su forma de interactuar, aprender y cómo consumen información. Pero las plataformas como «Instagram», «TikTok», «Facebook», entre otras, no solo se emplean como canales de comunicación, sino asimismo como medios de expresión y de construcción de la propia identidad. Son lugares donde se establecen vínculos y se combaten cuestiones sociales, como el movimiento #MeToo, que es un movimiento social y campaña de concienciación contra el abuso sexual, el acoso sexual y la cultura de la violación, donde las mujeres hacen públicas sus experiencias de abuso o acoso sexual.
Cambiando las dinámicas tradicionales de consumir el contenido por formatos breves, visuales e interactivos, pero obviando los problemas que puede tener una generación crecida en las redes sociales y cómo las siguientes harán lo mismo. La generación Alpha ya no concibe un mundo sin tecnología, siendo dependientes de ella e incluso sin tener conocimientos de aparatos electrónicos como las cámaras polaroid. Sin reflexionar en cómo el empleo excesivo de las tecnologías, algo que actualmente se ha convertido en algo completamente familiar y aceptado en nuestra sociedad, puede generar una serie de resultados severos y, en numerosas situaciones, dañinos, que ya están impactando de modo significativo en la salud mental, las interacciones personales y el progreso cognitivo de esta generación y de las futuras.
1.Las redes sociales.

Esta generación intenta entenderse a sí misma y al mundo mediante las redes sociales, algo que ya muchos jóvenes (incluso menores de edad) empiezan a tener a mano gracias a la temprana entrega de aparatos electrónicos y a la necesidad de estar conectados. «Las nuevas tecnologías se han instalado de tal forma y a tal velocidad en nuestras vidas que hoy no concebimos nuestra existencia sin ellas.» (Del Barrio,2014). Aunque el progreso tecnológico permite desarrollar vías de comunicación más veloz y factible, consintiendo la cooperación inmediata entre individuos de cualquier parte del mundo, lo que también ha causado una alteración en las relaciones, generando la sensación de aislamiento. Asimismo, gran cantidad de usuarios admitieron haber sufrido ciberacoso (Sabater, 2022), un problema que va en aumento, afectando su salud mental, demostrando los prejuicios que tiene el uso elegido de los medios sociales.

La imagen que ellos forman del mundo empieza a ser idealizada mediante las diferentes fotos, post y diversos perfiles a los que pueden entrar. Una acción presuntamente inofensiva acaba siendo el primordial problema de diversas destrezas que realizan estas aplicaciones. Empezando con las comparaciones de la vida de ellos con la de los perfiles a los que siguen, esto empieza a hacer que se forme un odio a su cuerpo y a las maneras de vida que llevan. Rematando todo eso con el deseo de ser otra persona que no son teniendo la necesidad de demostrarlo. Aunque tal vez no lo crean, esos comportamientos terminan originando un uso desorbitado del tiempo que pasan los jóvenes en las redes sociales. Lo que acaba dando lugar a un estrés innecesario, convirtiéndose en un elemento crítico en el aumento del comportamiento impulsivo, a causa de la rapidez de las plataformas digitales que simplifican la propagación de contenidos sin una reflexión acertada sobre posibles consecuencias. Igualmente, tiene impacto en el manejo de las emociones, debido a que varios individuos se respaldan en la validación externa a través del «like», comentarios y respuestas, lo que desencadena ansiedad, inseguridad y la constante necesidad de aprobación. Con el paso del tiempo, este hábito tiene un impacto negativo en la autoestima y en la habilidad para manejar emociones de forma saludable, afectando tanto en la vida personal como en las relaciones interpersonales.
2. Las emociones de la generación Z.

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«Las redes sociales tienen un impacto significativo en la salud mental de los adolescentes, al exponerse a información que puede estar fuera de su criterio de formación y requerir supervisión constante de adultos.» (Aucapiña, 2024) |
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Como hablamos en el punto anterior se crean vías rápidas de comunicación gracias a estas apps, lo cual no significa que haya una socialización que se sienta real. Los «centennials» pertenecen a esa parte de la población que se sienten solos, pese a esa sensación de cercanía.
El 44% de los individuos (entre 18-24 años) manifiestan serios problemas psicológicos (Sabater, 2022). Las diversas causas pueden ser: la presión social que va en aumento, la presión académica/laboral en la que se encuentren, y como no, uno de los temas principales mencionados antes: las redes sociales, las cuales tiene un gran impacto negativo. Estas también les crean frustración porque contradicen ese pensamiento con el que han crecido: “Pueden tenerlo todo.” Esto demuestra un importante crecimiento de la ansiedad en el ámbito académico/ laboral, sobre todo entre los que nacieron en los años 1995 y 2000, generación destacada por una elevada exigencia hacia sí mismos, una originalidad natural y un fuerte compromiso con sus ideales. Si bien es cierto, están en un mundo que no siempre tiene respuestas que satisfagan con sus expectativas ni oportunidades que cumplan con sus exigencias de crecimiento personal, como metas que ellos se ponen de tener un trabajo bueno, lo que conlleva un buen sueldo y horario flexible.

Esta discrepancia entre sus anhelos y la realidad que perciben provoca una intensa frustración, que con el transcurso del tiempo puede evolucionar en un sentimiento de indiferencia, desánimo e incluso aversión hacia los sistemas tradicionales de educación y trabajo, vistos como anticuados o insuficientes para sus propósitos.
Esto subraya la escasa preparación emocional con la que muchos jóvenes enfrentan las dificultades de la vida de una persona adulta, originada por padres sobreprotectores. Al hacer constantemente ese rol de guía, les acostumbran a tener respuestas en el mismo momento que las piden y la solución de sus problemas de forma sencilla. Si bien es cierto que los padres, no hacen queriendo un mal a sus hijos, esa dinámica produce el efecto contrario al que creían, pues disminuyen esa habilidad de resiliencia y la independencia de sus descendencias. A causa de lo antes dicho la mayoría de los jóvenes muestran baja tolerancia a la frustración, dando como resultado afrontar dificultades, manejar el estrés y cumplir metas de largo plazo. Algo que se agrava si en esta ecuación se meten las redes sociales, las cuales cambiaron la forma en que se consume la información. Las aplicaciones ahora se centran en contenidos rápidos, como vídeos de 15 segundos (como se pudo ver en «Tiktok» al principio), y la posibilidad de tener acceso a un sinnúmero de alternativas sólo deslizándose por la pantalla. A largo plazo eso moldea la mentalidad de los jóvenes haciéndoles querer las cosas de forma inmediata.
3. Individualismo y «JSS».

“Se encontró que los adolescentes de mayor edad presentaban menores niveles de colectivismo familiar y colectivismo general.”
(Menchón, 2020).
Como son criados en un contexto social más individualista y con polarización (sobre todo con opiniones que van al extremo) se generan conductas en ellos que no son del todo apropiadas. Conductas así se manifiestan de maneras distintas en la vida cotidiana. Por ejemplo, con una persona que siempre se preocupa de fantasías grandiosas sobre el éxito, el poder, la belleza o un amor idealizado.
Pero no solo son sus pensamientos, sino que también influyen en cómo se comporta esa persona, pues suelen ser arrogantes. Llegan a desvalorizar los logros ajenos. Aquellos con estas características tiene expectativas irracionales, pues quieren recibir un trato especial. Esperan ser tratados con respeto y se llegan a frustrar o enfadar si no obtienen lo que creen merecerse. Otro comportamiento habitual es la constante necesidad de atención y admiración, lo que lleva a estas personas a buscar validación externa de manera obsesiva. Pueden acaparar conversaciones, exagerar sus logros o rodearse de personas que refuercen su autoestima con elogios y reconocimiento. Asimismo, es frecuente que ignoren los sentimientos y necesidades de los demás, que demuestra una falta de empatía, llegando a menospreciar emociones ajenas o utilizarlas a su costo sin considerar consecuencias.

También hay hábitos de pensamientos egoístas unidos a satisfacer las carencias y obtener lo deseado a cualquier coste. Esta última característica (obtener lo deseado a cualquier coste) implica mucho el lema: “JSS”, que son las siglas de: “Just Survive Somehow”, cuya traducción al castellano sería: “Sobrevive como puedas». Este hecho promueve el crecimiento individualista, en el cual se pone en primer lugar los propios deseos y las necesidades antes que el bienestar de los demás. Esta mentalidad recompensa el hecho de ser desagradable con los demás, ya sea mostrando indiferencia hacia los sentimientos de otros o buscando ser superior al resto. A su vez esta actitud hace crecer la falsa impresión de que el mundo gira alrededor del individuo, como si este fuera el sol y a su vez refuerza la idea que ellos tienen de que son importantes. Como consecuencia de eso los demás toman un rol de enemigos u obstáculos en el camino. Esa perspectiva es la que genera la desconexión emocional haciendo débil los lazos sociales, e impulsa las conductas competitivas, egocéntricas llegando incluso a las hostiles.
Conclusión.

Los “centennials” se enfrenta a un mundo que se moldea por los medios sociales, que a pesar de las oportunidades que crean, también trae problemas al centrarse en las apariencias y la validación social a través de los “likes” y los “followers” intensificando problemas de autoestima y salud mental entre gente joven. Esa constante urgencia de aprobación, ahora mismo más centrado en el mundo digital, es causante de sentimientos como: ansiedad, estrés y creencia de no ser suficiente. Acabando de crear un círculo vicioso de adicción o dependencia emocional a estas redes sociales. El individualismo, impulsado por gran parte la cultura digital. Ha agrandado la desconexión emocional y falta de apoyo comunitario. Por más que se valore la autenticidad de esta generación, la mayor parte de las veces esta se ve sacrificada por esa presión de destacar en ese entorno muy competitivo. Si a esto se le añade el lema: “JSS”, se fomenta una mentalidad donde solo hay autosuficiencia extrema y se acaba marginando la colaboración y la empatía. Esto acaba haciendo pensar a los jóvenes que se enfrentan solos a un mundo desconocido y acelerado, reforzando ese sentimiento de inseguridad contra un futuro que cada vez es más dudoso. Las redes sociales en vez de tener ese objetivo de acercar a personas desde diferentes lados del mundo actúan más como un recordatorio de las brechas emocionales y sociales. Atrapando así a los “centennials” entre una sociedad individualista y una realidad deformada por la digitalización. Dando en que pensar sobre la relación que todo el mundo tiene con esas diversas plataformas intentando disminuir los efectos negativos que conlleva su uso irresponsable.

Webgrafía/ Bibliografía.

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Critikán, D.M.&Nuñez,M.M(2021). Redes sociales y la adicción al like de la generación Z. Revista de comunicación y salud,11,55-76.
Del Barrio Fernández, Á., & Fernández, I. R. (2014). Los adolescentes y el uso de las redes sociales. Revista INFAD de Psicología. International Journal of Developmental and Educational Psychology., 3(1), 571-576.
Davis,RA. (2001). Un modelo cognitivo-conductual del uso patológico de internet. Computers in human behavior, 17 (2), 187-195.
Martín, P., & Sánchez, E. (1999). Relación entre el individualism-colectivismo, la autoestima colectiva y los valores de los adolescentes. Revista de psicología social, 14(2-3), 211-224.
Menchón, M. R., Sánchez, J. P. E., Morales, A., & Amorós, M. O. (2020). Propiedades psicométricas de la “Escala de colectivismo-individualismo familiar” con adolescentes españoles. Psicología conductual= behavioral psychology: Revista internacional de psicología clínica y de la salud, 28(1), 59-72.
Sabater,Valeria. 2022. “Generación Z, cada vez más triste y ansiosos”. Página Web: La mente maravillosa.
Wartberg, Lutz&Thomasius, Rainer & Paschek, Kerstin. (2021) The relevance of emotion regulation, procrastination, and perceived stress for problematic social media use in representative sample of children and adolescents. Computers in human behaivor. 121.106788.