{"id":1934,"date":"2012-06-27T00:02:55","date_gmt":"2012-06-26T22:02:55","guid":{"rendered":"http:\/\/biblioluces.wordpress.com\/?p=1934"},"modified":"2012-06-27T00:02:55","modified_gmt":"2012-06-26T22:02:55","slug":"el-placer-de-escribir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/edublog.educastur.es\/biblioluces\/2012\/06\/27\/el-placer-de-escribir\/","title":{"rendered":"el placer de escribir"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/biblioluces.files.wordpress.com\/2011\/12\/bebe_biblioluces.jpg\" height=\"381\" width=\"450\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Internet es una herramienta extraordinaria. No solo nos permite abrirnos al mundo, trepar por la empinada pendiente del conocimiento o viajar por encima de las nubes a la velocidad del rayo. Tambi\u00e9n ofrece la maravillosa posibilidad de hacernos visibles en el oc\u00e9ano, de iluminar el universo sumando nuestra candelita a la de millones de internautas de uno y otro hemisferio. Para cualquier aficionado a la lectura y la escritura, asomarse a esta terraza privilegiada es un aliciente, una plataforma que permite superar los l\u00edmites de nuestra habitaci\u00f3n y elevar\u00a0<a href=\"http:\/\/www.anobii.com\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">nuestras opiniones<\/a>\u00a0o nuestras peque\u00f1as aportaciones literarias al limbo que rodea este astro palpitante. Nosotros desde aqu\u00ed animamos a que as\u00ed sea. Muchas p\u00e1ginas ofrecen informaci\u00f3n sobre concursos y cert\u00e1menes literarios; otras crean un entorno para publicar y compartir, una excelente oportunidad de conocer lo que otros autores de tu mismo calibre tienen que ofrecer, sin afanes ni ambiciones. Por el puro placer de escribir. Seleccionamos una de esas p\u00e1ginas al azar: se trata de\u00a0<a href=\"http:\/\/la-cesta-de-las-palabras.webnode.es\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><em>La cesta de las palabras<\/em><\/a>,\u00a0que tiene ahora mismo en marcha un concurso de relatos sobe el tema\u00a0<strong>\u00bfQu\u00e9 har\u00edas si te quedasen 24 horas de vida? \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda tu fin del mundo? <\/strong>Y como el particular nos pareci\u00f3 interesante, te invitamos a participar. De entre todos los presentados hasta el momento seleccionamos uno cualquiera, un relato divertido que a buen seguro le hizo pasar un buen rato a su autor o autora, escrito sin m\u00e1s pretensi\u00f3n que la de trasladar ese entusiasmo a un lector atrapado sin cebo y casi por casualidad en el inmenso oc\u00e9ano de la informaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>EL FIN DEL MUNDO DE MARCELIANO FUENTES<\/strong><\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"justify\"> Marceliano Fuentes se enter\u00f3 en un tugurio de la calle Lepanto de que el fin del mundo hab\u00eda comenzado en los suburbios de una gran urbe canadiense. Como pose\u00eddo por un renovado sentimiento de lealtad paterna, corri\u00f3 hacia su casa. All\u00ed, un chico bisojo de piernas regordetas y una muchacha larguilucha con gesto de uva pasa se inclinaban sobre una mesa camilla, cubierta de cuadernos sembrados de goma de borrar. Abarc\u00e1ndolos a los dos, los atrajo hacia s\u00ed; pero la ni\u00f1a detestaba que aquel hombre butiroso y mugriento se le restregara por la piel y le apart\u00f3 sin contemplaciones. Al ni\u00f1o tampoco le gustaba el hedor a vino rancio y perfume barato, pero tuvo que consentir que su padre, rechazado en primera instancia, volcara en \u00e9l toda su desesperanza alcoh\u00f3lica. La radio local interrumpi\u00f3 moment\u00e1neamente la programaci\u00f3n deportiva para advertir a los oyentes del pr\u00f3ximo, fatal desenlace. El muchacho se debat\u00eda entre los brazos temblorosos de Marceliano, intentando recuperar trabajosamente una postura que le permitiera resolver el problema de quebrados. \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu madre?\u00bb, le pregunt\u00f3. \u00abMam\u00e1 nos abandon\u00f3 esta ma\u00f1ana\u00bb, respondi\u00f3 la ni\u00f1a. \u00abNos dijo que despu\u00e9s de cenar hici\u00e9ramos los deberes y nos fu\u00e9ramos temprano a la cama\u00bb. El hombre qued\u00f3 petrificado. Jam\u00e1s hubiera imaginado que ella le dejar\u00eda a su merced en trance semejante. \u00ab\u00bfNo os dio nada para m\u00ed?\u00bb. Sin siquiera elevar los p\u00e1rpados, la ni\u00f1a se tent\u00f3 el vestido y le alarg\u00f3 una nota, escrita en papel de estraza. \u00abEncontrar\u00e1s todo el vino mezclado con licores diversos en un cubo rojo, bajo el fregadero. He a\u00f1adido un litro de lej\u00eda con la esperanza de que revientes antes de que te alcance el fin del mundo. Si quieres cenar, hay latas de at\u00fan en la despensa. Marialuisa.\u00bb El \u00faltimo gol del astro argentino fue ruidosamente celebrado por el locutor, que a la mitad del grito triunfal prorrumpi\u00f3 en amargos sollozos. \u00abEl p\u00fablico abandona el campo\u00bb. Y continu\u00f3. \u00abEsto se acaba, se\u00f1ores\u00bb. El \u00faltimo bolet\u00edn inform\u00f3 de que el cataclismo progresaba en todas direcciones y que Am\u00e9rica hab\u00eda desaparecido bajo las aguas; esta vez Hollywood se hab\u00eda superado a s\u00ed misma. Sonaron los primeros compases de \u00abLo que el viento se llev\u00f3\u00bb. Los infocomerciales se sucedieron r\u00e1pidamente, superponi\u00e9ndose los unos a los otros. \u00abEl tiempo se agota\u00bb, sentenci\u00f3 Marceliano, que a duras penas pod\u00eda mantener la verticalidad. Los hijos le miraron de reojo y prosiguieron con lo suyo. \u00abNecesito un trago\u00bb. Cuando se preparaba para retornar a la tasca sobrevino el apag\u00f3n. Los ecos de alarmas y sirenas ascend\u00edan por el hueco de la escalera descorchando el silencio de la noche. Marceliano sinti\u00f3 miedo y se refugi\u00f3 de nuevo en el hogar. La angustia le devoraba por dentro. \u00abNunca m\u00e1s ver\u00e9 a los chiquillos\u00bb, pens\u00f3. Sin darse cuenta, pronunci\u00f3 sus nombres. Nadie respondi\u00f3. A tientas lleg\u00f3 hasta la cocina con la esperanza de encontrar los f\u00f3sforos largos que utilizaba en las barbacoas. Extrajo de una vieja lata de cacao una caja grande que conten\u00eda un \u00fanico ejemplar. Lo prendi\u00f3 frotando contra el raspador de lija. La madera h\u00fameda resta\u00f1aba. \u00abDeben haberse acostado\u00bb, se dijo para s\u00ed. Pero cuando intent\u00f3 dar un paso la luz amenaz\u00f3 con extinguirse. El suelo empez\u00f3 a temblar bajo sus pies. \u00abNo es posible. Esto no puede estar sucediendo\u00bb, se dijo varias veces. Con la mano libre se propin\u00f3 un par de bofetadas. Estaba aturdido y la consciencia se le iba y se le ven\u00eda. Antes de que la llamita le lamiera la punta de los dedos localiz\u00f3 el cubo de pl\u00e1stico. Se dej\u00f3 deslizar por la brillante superficie del frigor\u00edfico hasta tomar suelo con las posaderas. Un s\u00fabito cambio de presi\u00f3n le volvi\u00f3 los t\u00edmpanos del rev\u00e9s. Los o\u00eddos comenzaron a rechinarle. Se abraz\u00f3 al cubo rojo como el n\u00e1ufrago que se agarra a su tabla de salvaci\u00f3n. Hab\u00eda o\u00eddo decir que el delirium tremens trastornaba la percepci\u00f3n de la realidad. Pero esto era diferente. Ayud\u00e1ndose con las rodillas, elev\u00f3 el cubo a la altura de la barbilla e introdujo la cabeza dentro. \u00abA tu salud, Marialuisa\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Internet es una herramienta extraordinaria. No solo nos permite abrirnos al mundo, trepar por la empinada pendiente del conocimiento o viajar por encima de las nubes a la velocidad del rayo. 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