{"id":2510,"date":"2015-06-05T11:27:43","date_gmt":"2015-06-05T09:27:43","guid":{"rendered":"https:\/\/biblioluces.wordpress.com\/?p=2510"},"modified":"2015-06-05T11:27:43","modified_gmt":"2015-06-05T09:27:43","slug":"lentejas-con-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/edublog.educastur.es\/biblioluces\/2015\/06\/05\/lentejas-con-literatura\/","title":{"rendered":"lentejas con literatura"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/biblioluces.files.wordpress.com\/2015\/02\/lentejas_.jpg\" height=\"384\" width=\"435\" alt=\"lentejas_\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Peque\u00f1a e insignificante de a una; pero un buen pu\u00f1ado viste de fiesta la buena mesa del <em>probe,\u00a0<\/em>y m\u00e1s si el cocinero tiene para tocino y morcilla. Si no comulgas con este parecer tampoco te se\u00f1alamos con el dedo: quiz\u00e1 nadie te supo tentar con su delicada textura, o te las viste las m\u00e1s de la veces con\u00a0<a href=\"http:\/\/lema.rae.es\/drae\/?val=pulpso\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">potes<\/a>\u00a0reventones sin aroma ni substancia, enlagunados y lavados o, por contra, moh\u00ednos y espesos, tan\u00a0sobrados de fuego como\u00a0faltos de cari\u00f1o. Tenemos noticias de la\u00a0<em>Lens culinaris<\/em>\u00a0desde hace milenios. Era de lo poco que los faraones compart\u00edan con los esforzados constructores de sus mausoleos, quiz\u00e1 porque ambos precisaban del vigor de la tierra f\u00e9rtil: los unos para ver levantarse ante ellos el s\u00edmbolo de su inmortalidad; los otros para sobrevivir un d\u00eda m\u00e1s a las vanas aspiraciones de sus idolatrados reyes. Conocemos de primera l\u00ednea que las lentejas frecuentaban los fogones del ingenioso hidalgo Alonso Quijano al menos una vez por semana, y que Napole\u00f3n las veneraba hasta el punto de obligar al Papa P\u00edo VII a bendecir las que habr\u00edan de servirse en el banquete de su coronaci\u00f3n. Pero las lentejas tambi\u00e9n placen a las musas e inspiran relatos como \u00e9stos, que concurren al\u00a0<a href=\"http:\/\/site.lentejadetierradecampos.es\/concursos-2\/ii-concurso-de-microrrelatos-lenteja-de-tierra-de-campos\/ganadores-ii-concurso-de-microrrelatos-lenteja-de-tierra-de-campos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">certamen literario<\/a>\u00a0propiciado por la denominaci\u00f3n <em>Lenteja de Tierra de Campos<\/em>, una iniciativa para abrir boca. Que aproveche.<\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"center\"><em><strong>Justicia<\/strong><\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Todos sab\u00edan de sobra que la debilidad conduc\u00eda al desastre. Por eso, los tripulantes alababan la determinaci\u00f3n del capit\u00e1n Russell, que a fines de oto\u00f1o hab\u00eda advertido personalmente, desde los grumetes al primer oficial, que mientras estuvieran atrapados en el hielo la comida ser\u00eda estrictamente racionada, por lo que las sustracciones se considerar\u00edan sabotaje y sancionadas seg\u00fan la Ley del mar. As\u00ed que cuando Finnegan descubri\u00f3 una lenteja bajo el jerg\u00f3n de O\u00b4Rourke, la sentencia de muerte se daba por descontada. O\u00b4Rourke sosten\u00eda que hab\u00eda sido objeto de una conspiraci\u00f3n. Finnegan sab\u00eda que su palabra se pondr\u00eda en entredicho, pero no obstante consider\u00f3 que su deber era dar parte. Sir Russell valor\u00f3 el testimonio de los dos hombres antes de a\u00f1adir la evidente insignificancia de la supuesta sustracci\u00f3n. Por su parte, O\u00b4Rourke se librar\u00eda de la horca si admit\u00eda la culpa; pero eso confirmar\u00eda el testimonio de Finnegan. \u00c9ste podr\u00eda retractarse pero nadie le creer\u00eda, porque si su intenci\u00f3n hubiera sido comprometer a O\u00b4Rourke le hubiera atribuido un hurto de m\u00e1s enjundia. El capit\u00e1n no durmi\u00f3 el d\u00eda de la ejecuci\u00f3n. Tampoco el que le sucedi\u00f3. De repente, algo le impuls\u00f3 a levantarse y remover su jerg\u00f3n. Contempl\u00f3 at\u00f3nito la lenteja antes de desmoronarse.<\/p>\n<p align=\"right\">Carlos M\u00aa de Bianco<\/p>\n<\/blockquote>\n<blockquote>\n<p align=\"center\"><em><strong>Marketing<\/strong><\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Sostenido en precario sobre una escalera de mano, el alcalde arroj\u00f3 el \u00faltimo pu\u00f1ado de pepitas en la tolva de acero inoxidable. Las doradas menudencias de oro se mezclaron con toneladas de lentejas en trance de ser envasadas. Como se predijo, la estrategia publicitaria dispar\u00f3 las ventas de esta legumbre. Hubo casos de dientes mellados, pero en general la iniciativa se recibi\u00f3 con entusiasmo: las abuelas retomaron la costumbre de inspeccionar pacientemente cada ejemplar, y las autoridades sanitarias se vieron obligadas a crear la etiqueta \u00abcomer oro no es perjudicial para la salud\u00bb. Pero pronto aparecieron los ventajistas que llevaban detectores de metales, provocando tumultos en los supermercados. Entonces a alguien se le ocurri\u00f3 adherir\u00a0a los paquetes\u00a0un discreto filamento de acero que alterara cualquier intento de escrutinio espurio. De nuevo las ventas aumentaron. Pero la bonanza fue moment\u00e1nea, porque cuando la frustraci\u00f3n de los clientes alcanz\u00f3 el l\u00edmite estallaron disturbios en las principales ciudades. El malestar se traslad\u00f3 a la Bolsa, donde el valor del oro se tambale\u00f3 hasta desplomarse. La gente se apresur\u00f3 a vender sus joyas al peso, cambi\u00e1ndolas por la divisa americana o bien por saquitos de lentejas de estraperlo.<\/p>\n<p align=\"right\">Cristina Ortal Rioboo<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Peque\u00f1a e insignificante de a una; pero un buen pu\u00f1ado viste de fiesta la buena mesa del probe,\u00a0y m\u00e1s si el cocinero tiene para tocino y morcilla. 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