{"id":3134,"date":"2019-09-19T11:30:02","date_gmt":"2019-09-19T09:30:02","guid":{"rendered":"https:\/\/biblioluces.wordpress.com\/?p=3134"},"modified":"2019-09-19T11:30:02","modified_gmt":"2019-09-19T09:30:02","slug":"el-prado-retrato-de-un-museo-bicentenario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/edublog.educastur.es\/biblioluces\/2019\/09\/19\/el-prado-retrato-de-un-museo-bicentenario\/","title":{"rendered":"El Prado: retrato de un museo bicentenario"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/biblioluces.files.wordpress.com\/2019\/09\/prado_biblioluces.jpg\" width=\"435\" height=\"728\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Las t\u00f3rridas jornadas del Madrid estival invitan imperativamente a tomar la sombra en parques y alamedas o a refugiarse de la can\u00edcula en uno de esos establecimientos del centro donde agua pulverizada se dispersa con ventiladores gigantes. El visitante m\u00e1s inquieto cuenta adem\u00e1s con una alternativa mucho m\u00e1s refrescante que todo eso: visitar el Prado. Las salas del museo, especialmente climatizadas para el bienestar de las pinturas, ofrecen un espacio ideal para el recreo de los sentidos, embotados por el calor y los ruidos de la urbe. Y hay razones para sentirse como en casa: la inacabable sucesi\u00f3n de obras maestras son patrimonio de todos los espa\u00f1oles, y debemos sentirnos orgullosos de albergar en este edificio anexo a nuestra <em>salita de estar<\/em> una de las mejores colecciones de pintura, escultura y artes decorativas del universo mundo, reunida a lo largo de siglos y fruto de compras, donaciones y adquisiciones, y no del tradicional expolio que alimenta el inventario de ciertas\u00a0<a href=\"https:\/\/dle.rae.es\/?id=T1wyUNJ\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">pinacotecas<\/a>\u00a0europeas. En 2019 el Museo Nacional del Prado celebra <a href=\"https:\/\/www.museodelprado.es\/bicentenario\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">su segundo centenario<\/a>. A lo largo de estos a\u00f1os, las reales colecciones de arte se han convertido en un referente art\u00edstico, cultural y posteriormente tur\u00edstico. Aunque el Prado no precisaba de mayores aderezos, con el tiempo vinieron a sumarse las ofertas del\u00a0<a href=\"https:\/\/www.museothyssen.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Museo Thyssen<\/a>\u00a0y el\u00a0<a href=\"https:\/\/www.museoreinasofia.es\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Reina Sof\u00eda<\/a>, todo ello concentrado en un espacio urbano reducido que permite a propios y extra\u00f1os solazarse hasta la extenuaci\u00f3n para despu\u00e9s tomar\u00a0en\u00a0la cercana estaci\u00f3n de Atocha\u00a0un tren que nos llevar\u00e1 con viento fresco. En el a\u00f1o de la efem\u00e9ride se han editado o reeditado muchos vol\u00famenes sobre la instituci\u00f3n. Algunos harto conocidos, como la colecci\u00f3n de relatos de\u00a0<em>Un novelista en el Museo del Prado, <\/em>\u00faltimo de los libros de\u00a0<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Manuel_Mujica_Lainez\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Don Manuel M\u00fajica Lainez<\/a>\u00a0(1911-1984) o <em>Los colores de la guerra,<\/em> de Juan Carlos Arce (1958), una historia sobre la evacuaci\u00f3n a Ginebra de cientos de obras de arte durante La Guerra Civil (1936-1939). La peripecia vivida por el patrimonio hist\u00f3rico-art\u00edstico durante los convulsos meses finales de la contienda se describe en\u00a0<em>El milagro del Prado<\/em>,\u00a0del escritor Jos\u00e9 Calvo Poyato (1951),\u00a0un relato detallado y bien documentado de la tremenda chapuza que supuso la expatriaci\u00f3n por etapas de los fondos del museo, y lo cerca que estuvieron de perderse para siempre en el caos favorecido por cuantos se autodesignaron sus salvadores. Arturo P\u00e9rez-Reverte (1951), un autor siempre interesante, invita a los lectores de <em>El pintor de batallas<\/em> a pasear por las salas del museo. En<em> La infanta baila<\/em>, el escritor y guionista Manuel Hidalgo (1953) cultiva una trama en la que las figuras de los cuadros, algunas de regio porte y otras no tanto, abandonan los escenarios en los que se han hecho c\u00e9lebres escap\u00e1ndose del museo, idea \u00e9sta que inspira igualmente\u00a0<a href=\"https:\/\/www.aryse.org\/jose-manuel-ballester-fotografo-despojando-cuadros\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">las curiosas estampas vaciadas de Jos\u00e9 Manuel Ballester<\/a>\u00a0(1960). Concluiremos con dos obras m\u00e1s: la primera de ellas casi no necesita promoci\u00f3n. Se trata de\u00a0<em>El maestro del Prado<\/em>, en la que Javier Sierra (1971) enfatiza la experiencia vivida durante sus primeras visitas, reci\u00e9n llegado a la capital del Reino; la segunda sugerencia est\u00e1 en la \u00f3rbita de la literatura juvenil y se titula\u00a0<em>El misterio Vel\u00e1zquez<\/em>, de Eliacer Cansino (1954).<\/p>\n<p>http:\/\/www.youtube.com\/watch?v=f5GxvR9qJMU<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las t\u00f3rridas jornadas del Madrid estival invitan imperativamente a tomar la sombra en parques y alamedas o a refugiarse de la can\u00edcula en uno de esos establecimientos del centro donde agua pulverizada se dispersa con ventiladores gigantes. El visitante m\u00e1s inquieto cuenta adem\u00e1s con una alternativa mucho m\u00e1s refrescante que todo eso: visitar el Prado. 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