Como ya sabemos todos, los exámenes, por definición, son pruebas o controles escritos que después son evaluados por docentes para determinar tu nota en cualquier asignatura. Ahora bien, ¿debemos sentirnos identificados con nuestras notas? ¿Determinan estas nuestra inteligencia?
Todos los estudiantes hemos tenido que hacer muchos exámenes a lo largo de nuestra formación; y la gran mayoría de nosotros nos hemos sentido tristes o decepcionados por las notas que sacamos en esos exámenes. Pero, a mi parecer, una nota no determina tu inteligencia, ni mucho menos te puede decir que eres tonto. Lo más que te puede decir una nota es si has memorizado los contenidos que entraban en la prueba, o cómo llevabas preparada la asignatura. Aparte de eso, ¿qué pasa si has tenido un mal día, no has dormido bien, o simplemente, con los nervios del examen, no has sido capaz de contestar? ¿Eres acaso imbécil por no saber responder a las preguntas? Obviamente, no. Pero, entonces, si de dos exámenes suspendes uno y ya te dan como suspensa la asignatura, ¿puede ser eso justo?
Es cierto que para los docentes es mucho más fácil evaluar por ese método. Ahora bien, ¿hasta qué punto eso puede hacernos dudar justificadamente a los estudiantes de nuestra capacidad cognitiva? ¿Depende esa capacidad de un examen en el que simplemente se nos pregunta cosas teóricas sobre un tema que en menos de un año olvidaremos?
Lucía Fernández Bango