¿SE PUEDE O NO JUGAR CON LAS CRIATURAS?

Cuantas veces nos hemos encontrado que de todas las propuestas de actividad que habíamos planificado sólo unas pocas pudimos llevar a cabo y aún así terminamos la jornada con sensación de “no haber parado”. Quizás sea el momento de cuestionarnos si es nuestro papel proponer constantemente, dirigir y/o intervenir en el juego.

Y tal vez nos resulte clarificador recordar uno de los hallazgos de EmmiPikler a raíz de sus investigaciones: Cuantas más soluciones encuentre el niño por sí mismo, más aprende. El aprendizaje autónomo del niño tiene un valor muy excepcional, supone un trabajo cognitivo incomparable que solamente se da cuando está él solo en contacto con su entorno y nadie interfiere en su actividad.

Siguiendo este enfoque nuestra manera de participar en el juego es observando, apoyando su actividad y aceptando su juego y su mundo de fantasía

                   

 

¿CUÁL ES NUESTRO PAPEL COMO EDUCADORAS?

Admitamos que es difícil no intervenir en el juego. Como alternativa hemos puesta en práctica las propuestas recibidas. Os contamos algunas:

  • Darnos un tiempo para la observación que nos permite conocer a cada uno de los niños y de las niñas (nivel de desarrollo, gustos, preferencias, necesidades básicas…)
  • Preparar el espacio: diversidad de propuestas, lugares de descanso, estructuras que favorezcan la motricidad…
  • Decidir la cantidad y la calidad de los objetos que les presentamos. El cuidado de observar con qué juegan y qué les gusta para tenerlo en cuenta a la hora de hacer la siguiente propuesta, les indica que “soy tenido en cuenta”.
  • Favorecer un clima en el grupo similar al  del acompasamiento que se da en una orquesta: cada criatura es como que tiene su propio pentagrama y la educadora conoce los de todos y todas y acompaña en su ejecución.

Cuestionarnos nuestras formas de hacer nos ha llevado a introducir cambios y a una nueva organización de la jornada. Atención a grupos reducido, disminución del tiempo de espera de cada niño y niña, reducción de las actividades dirigidas,  aumento de su tiempo de juego autónomo,…,son algunas de las modificaciones que estamos llevando a cabo.

Cada minuto de la vida de una criatura es su vida.                                                                                                                             

No puede pasarlo en espera, limitada, dependiendo de estructuras organizativas.

¿Qué os parece para hacernos reflexionar acerca del papel de la educadora en relación con el tiempo,breve en  su vida,que pasan las criaturas en la escuela?.

   

¿RECOGEN ELLOS Y ELLAS O RECOGEMOS NOSOTRAS?

Que recojan ellos y ellas es una tarea que les imponemos y damos por sentado que es una finalidad del ciclo 0-3 años.

Podríamos plantearnos por qué les resulta tan complicado cumplir esta norma y a nosotras hacer que la cumplan. Quizás la respuesta esté en que es una norma social para la cual todavía no están preparados cognitivamente.

Esto implica que seremos nosotras las encargadas de colocar y recolocar, reorganizar y reordenar los objetos de manera que vuelvan a ser atractivos. De este modo los niños y las niñas volverán a jugar con ellos ya que les gusta el orden.

Con nuestro ejemplo van a ir viendo la importancia de recoger. Es importante que lo hagamos con cuidado y con cariño. Cuando tocamos los objetos para colocarlos les damos un valor. Hemos observado que haciendo esto muchos son los que nos imitan sin necesidad de imponerlo como tarea. Si alguien mientras recogemos mira podemos decirle “si quieres puedes ayudarme”, pero nunca el recoger debe ser un momento del día.

Compartimos aquí una máxima que a nosotras nos está resultando útil:

Coloca tantos objetos cuantos pienses que vas a recoger con buena gana.

                   

NORMAS Y LÍMITES,SI. PERO¿CÚALES, CUÁNDO Y CÓMO?

“Eso no se coge”,»no te subas ahí”, «no metas eso en la boca”, «los charcos no se pisan”,…y así podríamos seguir con un larga retahíla de “noes”. Para nosotras resulta cansino y lo que aún es más decepcionante es que nuestro empeño resulta infructuoso la mayoría de las veces. ¿Qué hacer entonces?.¿Cuál es la manera más adecuada de proceder?

Estaremos de acuerdo con que los límites y las normas forman parte del proceso de socialización de los niños y de las niñas. Pero pronto surgen las dudas y las discrepancias cuando nos planteamos qué límites y normas, cuándo iniciarlos, quién y cómo establecerlos,…

Nosotras hemos reflexionado sobre cómo podríamos minimizar tanto límite impuesto y una de las claves ha sido crear un entorno seguro en el que no estemos prohibiendo constantemente, por ejemplo disponiendo de materiales adecuados y suficientes, colocando a su alcance aquellos que consideramos para jugar en cada momento. Y nos hemos dado cuenta de que  es más fácil modificar el entorno que hablar y hablar generalmente para decir “no”.

También nos ha llevado un tiempo de reflexión la siguiente idea:

No esperemos que el bebé de un día para otro se convierta en adulto.                                                          

El aprendizaje de las normas exige infinita paciencia del adulto.

Pensemos que una criatura la norma no la ve, tiene que tener la experiencia de que en todas las situaciones se aplica la misma norma. En este sentido es frecuente observar como los más inteligentes lo llevan al extremo para ver si todas las educadoras actuamos por igual.

Y esto nos lleva a otra cuestión  y que es requisito fundamental: hay normas que tienen que aprender y para ello tiene que haber unanimidad  por parte de las educadoras de un mismo equipo. Un principio para establecer acuerdos puede ser que  las normas han de ser pocas, claras, tener sentido para los niños y las niñas y transmitirlas siempre en el contexto de una situación.

                     

¿PRODUCCIONES CON PINTURA SOBRE PAPEL O DEJAR HUELLA?

Cuantas veces nos hemos visto desbordadas con un grupo de niños y niñas de 2-3 años al que, con la mejor de nuestras intenciones, le hemos planteado una actividad de pintura. Lo más probable es que nuestra finalidad sea su desarrollo ofreciéndole muchas posibilidades de experimentación. Pero ¿qué es entonces lo que entraña tanta dificultad para el desarrollo de la propuesta?.

En las investigaciones del Instituto Lóczy encontramos respuesta a este interrogante. Como educadoras hemos de cuestionarnos si esta actividad dirigida ofrece posibilidades para que se ejerciten  pero a costa de disminuir su autonomía y también si responde al grado de desarrollo madurativo y funcional de cada cual.

En este sentido hemos de tener en consideración que hacer la misma cosa varias criaturas al mismo tiempo y al mismo ritmo supone unas exigencias inútiles  impuestas como la espera inevitable y unas normas para las que no están preparados (no tocar esto o lo otro, no salirse del papel, no mancharse con la pintura,…).

Además,  otro aspecto clave es tener en cuenta cómo descubre las relaciones entre los objetos en su  desarrollo. Si los estudios nos indican que en estas edades se está desarrollando el proceso de dejar huella, de crear algo, que se puede concretar en “mi actividad crea algo que dura en el entorno y yo soy capaz de darme cuenta”, es fundamental observar y conocer por dónde va cada criatura en este proceso y saber esperar a que esto suceda.

Así pues, antes que sentarle en una mesa ante un papel y pinturas, más pertinente es que le ofrezcamos  un entorno con materiales como arena, tierra agua, piedrecitas…y grandes pinceles y brochas, palas y rastrillos,…tal que les procure  experiencias variadas.

Y sin prescripciones, sin propuestas, sin ni tan sólo sugerirle  el objetivo o el fin de la actividad,  que tengan la posibilidad de actuar (respetando las reglas “sociales”), haciendo lo que desean y mientras tengan ganas.