«De nuevo en Budapest, nos recibe la casa en la cuesta de la casa Lóczy. No soy capaz de transmitir la emoción que me hizo sentir estar allí de nuevo. Esta vez la fachada no está surcada de hiedra como en verano pero estoy deseando subir y ver la nieve en las montañas desde las preciosas vistas del último piso donde se encuentra nuestra aula.
Gracias al proyecto ERASMUS+ pude estar allí de nuevo, esta vez para participar en la formación “La pedagogía Pikler: cuidados respetuosos”. La atención y los cuidados deben ser el pilar central del trabajo en primera infancia. Un adulto presente, que anticipa, dialoga no solo con la voz si no con la conexión de la mirada, la calidez de la mano que ejecuta la coreografía durante los cuidados cotidianos, que toma conciencia del momento mediante la observación, que respeta y permite al bebé está cooperación a través de la escucha, la espera, la confianza en sus capacidades. Trabajar en este vínculo y hacerle sentir entendido, valorado, aceptado y competente.
Son precisamente durante estas situaciones de cuidados que se repiten muchas veces al cabo del día (cambios de pañal, alimentación, limpieza de mocos, lavado de manos…) donde tenemos
que trabajar en la construcción de ese vínculo, de esa relación desde la presencia del adulto y la confianza en la autonomía de los niños y las niñas. Las educadoras de la escuela Lóczy realizan
movimientos uniformes que permite al infante anticipar lo que va a suceder durante estos momentos de cuidados. Pero no son manos mecánicas, si no un momento de vinculación que
permite la cooperación del bebé.
La formación cuenta con la presencia de educadoras, pediatras, psicólogas, pedagogas, que conforman el equipo de la escuela y la fundación. Ha sido un placer volver a participar en la formación en español gracias a la traducción de Timea y reencontrarse con caras conocidas de la anterior visita y otras nuevas. También me siento muy emocionada por la participación de Anna Tardos.
Los contenidos se presentan de forma muy gráfica a través de vídeos, fotografías y practica, tanto con muñecas y materiales como a través de momentos de reflexión en grupo que te permite aprender no solo de las formadoras si no de tus propias compañeras así como generar un ambiente de empatía, unión y aprendizaje conjunto que te lleva a reflexionar sobre tus debilidades y fortalezas, sobre tus propias capacidades, acorde y de manera coherente con la forma en que trabajan con los niños y las niñas. Estoy muy agradecida de haber podido vivir de nuevo esta experiencia junto con mis compañeras de las escuelas de Gijón, Ermi, Eva y Patri así como de haber conocido a un grupo excepcional de mujeres de diferentes partes de América Latina.
Me llevo junto con los libros y los muchos apuntes, los nuevos conocimientos y experiencias, energías renovadas e ilusión por aplicar cambios, consensuar ideas, adaptar lo aprendido a nuestra realidad, compartir con mi compañera de aula y por supuesto, el seguir practicando y mejorando cada día mi capacidad de observación, la mirada respetuosa hacia la infancia y la capacidad de transmitir con los cuidados, con la mano de la educadora y la coreografía que la acompaña, ese amor, confianza y respeto hacia el infante en que se fundamenta el legado de Emmi Pikler.»
Nadia
