Podemos hacerlo de un modo indirecto, preparando el entorno para que sea seguro, limitando las normas en este espacio y favoreciendo el movimiento. Con una actitud de paciencia, prudencia y gradualmente.
Hemos de tratar de mantener un espacio propio de la criatura, al que pueda ir cuando está intranquilo y donde pueda moverse y estar activo. Su cuna puede ser un espacio adecuado. No se trata de un lugar de castigo, o aislamiento, y esto se diferencia en el modo que el adulto acompaña al niño o niña a este espacio y está o le deja en él.
“Cuánta libertad ofrecen estas barreras”
Teresa Godall

