¿Cómo han de ser las manos de las educadoras y los educadores?

Las manos del la educadora y el educador deben ser unas manos respetuosas, amables, que den seguridad, que arropen y a su vez que sostengan a la criatura.

Deben ser unas manos que transmitan una experiencia placentera y agradable en todo momento, con movimientos suaves, lentos, delicados y sutiles.

Las manos deben dar respuesta a los movimientos e intereses de la criatura, sin perder de vista la ejecución de la tarea.

Deben dar tiempo y esperar la respuesta y colaboración del infante. Siendo las manos las que manipulan la ropa y accesorios, y no el cuerpo del bebé.

Las manos del adulto serán las primeras experiencias del bebé con el mundo y si estas manos son amables, la criatura se sentirá respetada, importante y tenida en cuenta por parte del adulto.

Deben ser unas manos abiertas, con gestos inacabados, para que las criaturas los acaben, o no.

Con gestos claros que transmiten la disposición y ayuda del adulto hacia el niño y la niña. Y a su vez, al ser gestos claros, también son entendibles para el infante y puede saber que esperamos de él.

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