Estamos ya en fechas prenavideñas, terminando el tiempo de Adviento, palabra de origen latino (adventum) que significa «llegada».
En estas fechas los romanos celebraban las Saturnales. Eran unos días de fiesta dedicados a Saturno, el dios que, según la tradición mitológica, tras ser expulsado del Olimpo por su hijo Júpiter, llegó a Italia y enseñó a los habitantes originarios el arte de la agricultura. Se celebraba el fin de la época de la cosecha y también, en esta época del año, la festividad del Sol invicto, cuando los días empiezan a crecer de nuevo tras el solsticio de invierno.
Los romanos adornaban sus casas con plantas y lucernas, para imitar el aumento de la luz solar, celebraban banquetes e intercambiaban regalos durante siete días.
Es un tiempo de alegría y de relativa relajación de las normas sociales. Para Catulo era el mejor de los días:
di magni, horribilem et sacrum libellum!
quem tu scilicet ad tuum Catullum
misti, continuo ut die periret,
Saturnalibus, optimo dierum!
(Catullus, XIV, Ad Calvum poetam)
«¡Grandes dioses, un libro sagrado y horrible! El que tú enviaste a Catulo sin duda para que muriera al día siguiente, en las Saturnales, el mejor de los días!»
Posteriormente, la tradición cristiana adaptó la fiesta pagana anterior y la santificó celebrando en estas mismas fechas la fiesta de la Navidad.
Y para celebrar este ambiente festivo y navideño os dejo aquí este villancico tan popular en versión latina cantado por Keith Massey. Tinniat, tinniat, tintinnabullum!
¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo cargado de salud y buenos deseos!
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