por Paula García Torviso.
En esta disertación abarcaremos el dilema de si sirve de algo rezar a partir de los ámbitos de la teología y de la ética ¿Existe Dios? ¿Es posible demostrar su existencia? ¿Nos ayuda la fe a tener una vida más plena? ¿La religión nos hace mejores o peores personas? ¿Son compatibles la fe y la razón? ¿Es más beneficioso ser ateo o creyente? ¿Quién tiene la responsabilidad de demostrar la existencia o inexistencia de Dios? Esas son algunas de las preguntas sobre las que discutiremos antes de decidir si sirve de algo rezar. Para ello, expondremos los argumentos de varios filósofos tanto a favor como en contra de la existencia de Dios para así poder justificar la tesis de esta disertación, que rezar no sirve.
Dejaremos antes unos conceptos bien definidos. Llamamos Dios a un ser sobrenatural único al que se le rinde culto y fe, a la creencia, confianza o asentimiento de una persona en relación con algo o alguien, y, como tal, se manifiesta por encima de la necesidad de poseer evidencias que demuestren la verdad. De esta manera, el creyente es aquel que ama a Dios sobre todas las cosas, apoya de manera especial a una fe como un principio y pensamiento, y el ateo es aquel que niega la existencia de Dios. Dejando diferenciado al agnóstico, que sin negar la existencia de Dios, considera inaccesible para el entendimiento humano la noción de lo absoluto y, especialmente, De Dios y al deísta, que asegura la existencia de un Dios, pero no acepta los credos de ninguna religión particular.
Empezaremos viendo los argumentos a favor de la existencia de Dios con Santo Tomás de Aquino, quien trató de darle a la religión un fundamento racional con sus cinco vías. La primera de estas vías es la vía del movimiento, por la cual toma la distinción que hace Aristóteles de potencia y acto. Para Aquino, todo aquello que se mueve es movido por algo externo, y a la vez esas entidades externas son movidas por otras, ha de haber en algún momento un motor inicial que pone en marcha todo el movimiento. Ese motor es, además, inmóvil. Esto es así porque para él es imposible, que algo sea motor y se mueva al mismo tiempo, así como es imposible que algo se mueva a sí mismo, encontrando dentro de él todo lo necesario para pasar de la potencia al acto. La vía de la causa eficiente se trata de otro concepto arsitotélico que refiere a la causa por la cual se produce un cierto efecto en el mundo. Como para Aquino no puede ser que una causa eficiente sea causa de sí misma, a de existir una primera causa eficiente. Esa primera causa es la causa de todo lo demás y no tiene, a su vez, ninguna causa. Y para él esa causa es Dios.
La tercera vía, de la contingencia y la necesidad se basa en que los seres nacen y mueren, porque pueden o no existir , y el mundo sigue funcionando y siendo del mismo modo. Para Tomás, contingencia refiere a esa condición de los seres y se opone a la necesidad. Los seres necesarios no pueden no existir, la única posibilidad es que existan. Entonces, ¿Cómo se pasa del no-ser al ser? Si todas las cosas fueran contingentes, entonces hubo un tiempo en que no existía ninguna cosa, y, por tanto, ahora tampoco existiría ninguna, pues unas son causas de las otras. Ha de haber, entonces, algún ser que siempre haya existido, cuya necesidad dependía de él mismo y que sea causa de la necesidad de las otras cosas necesarias. A eso es a lo que llama Dios. En la vía de los grados de perfección parte de considerar que las cosas del mundo tienen atributos, en mayor o menor medida. Eso implica que ha de existir un modelo respecto al cual establecer una comparación entre las cosas por sus atributos. Ese ser supremo que reúne todas las virtudes, y cuyos grados de perfección permiten establecer comparaciones de grado entre los seres del mundo, es Dios.
En la última de sus vías, la vía de la finalidad, Tomás de Aquino declara que todos los seres tienen una finalidad. Pero los seres inanimados, que carecen de conocimiento, no pueden alcanzar su fin si no es porque una criatura inteligente los empuja a ello. Los seres inteligentes tienden a fines más elevados, pero también obran conforme a un fin. Y de la misma manera necesitan una inteligencia más elevada que las guíe y conduzca hacia el cumplimiento de su finalidad. Esta inteligencia elevada, que dirige a todas las demás hacia su finalidad, es lo que llama Dios. Como se puede apreciar, las cinco vías no ofrecen solamente una justificación de la existencia de Dios, sino que adelantan algunos de sus atributos. Queda así descrito como motor inmóvil, que todo lo mueve sin ser movido, causa de todo lo demás, ser necesario, ser sumamente perfecto e inteligencia suprema.
Veremos ahora los argumentos de dos filósofos que están a favor de creer en la existencia de Dios. Anselmo de Canterbury usó un argumento filosófico deductivo a priori conocido como el argumento ontológico a favor de la existencia de Dios. Se llama ontológico, porque su prueba de basa en la definición o concepto de lo que es: está en el ser o esencia de Dios existir. Canterbury definió a Dios como “aquel que nada más grande que él puede ser pensado” y argumentó que este ser debe existir en la mente, incluso en la mente de la persona que niega la existencia de Dios. Sugirió que, si el mayor ser posible existe en la mente, también debe existir en la realidad. Por otro lado tenemos el salto de fe de Kierkegaard, que es el acto de creer o aceptar algo intangible o improbable o sin evidencia empírica. Pensaba que no hay ninguna razón para creer en Dios y esa era la verdadera razón para ser creyente. No es una decisión racional, ya que transciende la racionalidad en favor de algo más extraordinario: la fe. Considera que para retener fe hay que dudar. Para tener verdadera fe en Dios, también se tendrá que dudar de su existencia.
El último argumento que veremos a favor de la existencia de Dios es la apuesta de Pascal, un argumento creado por Blaise Pascal en una discusión sobre la creencia en la existencia de Dios, basado en el pensamiento de que la existencia de Dios es una cuestión de azar. Lo racional es apostar a que sí existe. Aun cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera pequeña, será compensada por la gran ganancia que se obtendría, ósea, la gloria eterna. El argumento plantea cuatro escenarios: Creer en Dios; si existe, entonces irás al cielo. Creer en Dios; si no existe, entonces no ganarás nada. No creer en Dios; si no existe tampoco ganarás nada y por último, no creer en Dios; si existe, entonces no irás al cielo. Este argumento no pretende ser una razón suficiente para la creencia en el cristianismo. Solamente sería válido para los agnósticos que deben considerar los beneficios de practicar la fe por poco que confíen en ello. En cambio, un ateo descartaría el razonamiento de entrada puesto que para él la probabilidad de que exista Dios es nula.
Una vez vistos los argumentos para creer en Dios hablaremos sobre los que están en contra. En el Diálogo sobre la religión natural Hume debate una serie de argumentos sobre la existencia de Dios. Con su argumento cosmológico nos explica que lo que exista debe tener una causa o razón de su existencia; es absolutamente imposible que cualquier cosa se produzca por sí misma, o que sea la causa de su propia existencia. Por lo tanto, al aumentar de los efectos a las causas, debemos seguir rastreando una sucesión infinita, sin ninguna causa última, o al menos debemos recurrir a alguna causa última que necesariamente exista. Así, rechaza que sea absurdo o contradictorio negar que debe haber una causa para todo lo que existe. Que es imposible que un efecto tenga perfecciones de las que carece su causa y que la materia y el movimiento no produzcan pensamiento y conciencia ya que lo demuestra la experiencia. Contrariamente, sostiene que cualquier cosa puede producir cualquier cosa. No hay, por lo tanto, base para la afirmación a priori de que necesariamente existe un ser original, auto existente, que es un ser inmortal e inteligente.
Defiende el argumento del diseño, que también se denomina “religión natural”. Si estamos justificados al pensar que cualquier cosa que muestre un orden debe de tener una causa inteligente, entonces el argumento del diseño puede usarse no solo para demostrar la existencia de Dios, sino también de un creador de Dios. Hume también considera el antiguo argumento basado en la existencia del mal que pretende establecer que Dios no existe. No puede negar categóricamente que Dios existe sobre la base de que hay un mal innecesario. Sin embargo, lo que sí muestran sus argumentos es que si la realidad del mal es consistente con la existencia de Dios, esto deja al teísmo con un problema grande sin respuesta. De esta manera hay cuatro hipótesis que pueden ser trazadas con respecto a las causas primeras del universo: que estas están provistas de perfecta bondad, que están provistas de perfecta malicia, que son opuestas y ambas tienen bondad y malicia, que no tienen ni bondad ni malicia. Fenómenos mezclados jamás pueden probar los dos primeros principios, que no tienen mezcla, y la uniformidad y estabilidad de las leyes generales parece oponerse al tercero. Por consiguiente, el cuarto parece ser mucho más probable.
Siguiendo con la tesis de esta disertación Bertrand Russell aporta su argumento de la tetera, una analogía acerca de la existencia de Dios. Propone la presencia de una tetera diminuta que orbita alrededor del sol para refutar la idea de que es el escéptico a quien corresponde desacreditar las afirmaciones infalsables de la religión. Su intención no es atribuir la carga de la prueba sobre el incrédulo, sino demostrar que una afirmación sin pruebas no es sostenible, pero, “si está respaldada por libros sagrados, profetas y tradiciones culturales, el incrédulo que se atreva a dudar corre el riesgo de terminar en un sanatorio mental o en la hoguera”. Posteriormente, se presenta la tetera como una reducción al absurdo: si el agnosticismo exige dar igual respeto a la creencia e incredulidad en un ser supremo, entonces también debe dar igual respeto a la creencia en una tetera en órbita, ya que la existencia de esta es tan plausible científicamente como la existencia de un ser supremo.
Por último, veremos como Richard Dawkins defiende su postura y, además, reduce muchos de los argumentos vistos en la antítesis. En su libro El espejismo de Dios, Richard Dawkins sostiene que la creencia en un creador súper natural se puede clasificar como un delirio, al que define como la persistencia en una falsa creencia mantenida a fuertes evidencias contradictorias. Su libro contiene cuatro mensajes aumentadores de conciencia: Los ateos pueden ser felices, equilibrados, morales e intelectualmente satisfechos. La selección natural y teorías científicas similares son superiores a hipótesis basadas en Dios en lo que se refiere a la explicación del mundo vivo y el cosmos. Los niños no deben ser etiquetados por la religión de sus padres y los ateos deben estar orgullosos y no compungidos, debido a que el ateísmo es una prueba de tener una mente saludable e independiente. Siguiendo a Russell argumenta que, la incapacidad para refutar la existencia de Dios no nos suministra una razón positiva para creer. Más bien, que el deber de la prueba está por encima de la defensa de la existencia de Dios.
Dawkins también discute las cinco vías de Aquino, argumentando que las tres primeras están todas basadas en regresiones infinitas y es debido a que claramente no significa que Dios provea un exterminador natural a las regresiones. La cuarta vía, la vía de los grados de perfección, es vana, y la quinta, la vía del orden cósmico, la considera como su refutación definitiva. Para ello introduce el término “truco del Boeing 747 definitivo”, para sugerir que Dios casi con seguridad no existe. Esta referencia alude a una afirmación conocida como falacia de Hoyle. La probabilidad de que se originara vida en la tierra no es mayor que la probabilidad de que un huracán pasando por un desguace consiga ensamblar un Boeing 747. Dawkins objeta que ese argumento está hecho por alguien que no entiende lo que es la selección natural, la cual es responsable de la evolución de la vida y la aparente improbabilidad de la complejidad de la vida no implica que sea una prueba de que está diseñada por un diseñador.
También reduce el argumento ontológico de Canterbury a un lenguaje de patio de colegio y esencialmente emplea los reparos estándar ya utilizados por Kant. Además, cuestiona las suposiciones de que uno simplemente decide creer y Dios recompensa la fe más que la virtud o la búsqueda de la verdad en la apuesta de Pascal. Sobre el argumento de experiencia religiosa, apunta que algunas de estas son ilusiones debidas a la fuerte complejidad de la mente humana como simulador. Sobre los argumentos de las Escrituras, sugiere que los Evangelios son ficción antigua y son históricamente inexactos. Declara que la evolución por selección natural puede servir para demostrar que el argumento del diseño está equivocado. Para culminar, se pregunta que sea cual sea la religión, a pesar de los problemas alegados anteriormente, llena un hueco muy necesario, dando consuelo e inspiración las personas necesitadas. Según Dawkins, estas necesidades se satisfacen mucho mejor mediante maneras no religiosas, como la filosofía y la ciencia.
Una vez expuestas la antítesis y la tesis de esta disertación, y quedando demostrado que los argumentos en contra de la existencia de Dios son más válidos y están mejor demostrados hoy en día que los que están a favor, responderemos a la pregunta inicial. Rezar es el acto de pronunciar una oración dirigida a Dios, a una divinidad o a un Santo, o ponerse mental y anímicamente ante su presencia para dar gracias, pedir algún favor o simplemente en actitud contemplativa. Dicho esto, y según todo lo visto hasta ahora, orar a un ser que no existe y que por lo tanto, no te escucha ni tiene ningún tipo de poder para hacer nada al respecto, no aportará ningún beneficio a nuestras vidas. Por ende, rezar no sirve. Quedaría así resuelto el problema de esta disertación haciendo un aparte en el caso de aquellas personas que por la razón que sea, a pesar de todos los argumentos en contra mantienen su fe y rezar les sirve para desahogarse, ver las cosas más claras y piensan que les beneficiará.
Webgrafía
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- DAVID HUME.(1779). Diálogos sobre la religión natural. Traducción: Edmundo O’Gorman. Editor digital: Titivilus
- Wikipedia, [Web en línea] https://es.wikipedia.org/wiki/Tetera_de_Russell. [Consulta: 25-5-2022]
- RICHARD DAWKINS.(2006). El espejismo de Dios. 3ª Edición: Editorial-Espasa
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