«El mejor truco del diablo…»

Sospechosos habituales (1995) es la tercera película de Bryan Singer, ganadora de dos Oscar, entre muchos otros premios, y protagonizada por Kevin Spacey, Gabriel Byrne, Stephen Baldwin, Benicio del Toro y Kevin Pollak. La película se considera un ejemplo de puro cine negro americano, aunque adaptando los recursos y convenciones más característicos de este género a un lenguaje cinematográfico más actual. En cuanto al argumento, la película narra la historia alrededor de un terrible incendio en un barco y el descubrimiento de sus causas. La policía tendrá que recurrir a uno de los dos únicos supervivientes del accidente, Verbal Kint, un estafador lisiado, que irá desvelando los acontecimientos que precedieron al susodicho accidente y que darán comienzo en una rueda de reconocimiento de sospechosos anterior al suceso.

La película se construye a base de “flashbacks”, con continuos saltos desde al presente al pasado, a través de los cuales Verbal Kint, quien terminará siendo el personaje principal de esta película, da su supuesto testimonio de los hechos a la policía. Klint hace, así, de narrador intradiegético que representa un papel más bien secundario en los acontecimientos.

En la escena del clip, comenzamos con la pregunta de nuestro narrador sobre la supuesta identidad de Keyser Soze. Esta pone fin a uno de los numerosos «flashbacks» del filme. Es entonces cuando, intercalando fragmentos del primer plano de Klint junto con otros más borrosos y difuminados, se nos narra el origen de este misterioso personaje, cuya importancia irá «in crescendo» a lo largo de la película. Este estilo difuminado y borroso se relaciona con el hecho de que el testimonio de Klint sea la narración de una especie de leyenda urbana de dudosa fiabilidad. Gracias a este efecto, se nos provoca un sentimiento de irrealidad, parecido al utilizado en muchas ocasiones al referirse a los sueños y al mundo onírico. También cabe destacar el tratamiento que se hace del personaje de Soze, cuyo rostro nunca vemos en pantalla, al realizarse continuamente fueras de campo, aumentando así la intriga hacia él.

Irene Rodríguez García