«A veces nos disponemos a estrellarnos y no lo sabemos…»

El curioso caso de Benjamin Button es una película de 2008 dirigida por David Fincher. Está inspirada en un relato del sin par Scott Fitzgerald que cuenta la historia de un hombre que vive su vida al revés: nace anciano y va rejuveneciendo a medida que pasa el tiempo hasta morir siendo un bebé. Es un relato existencial con un regusto de realismo mágico en el que se narra la extraordinaria vida de Benjamin y su relación con Daisy, su gran amor.

La escena en la que Daisy es atropellada, diciendo adiós a su carrera de bailarina profesional, es un claro ejemplo de relato cinematográfico donde, por una parte, hay una historia en la que ocurren una serie de acontecimientos y, por otra, hay una narración a través de un autor implícito que nos cuenta una suma de circunstancias que llevan a provocar el accidente de Daisy.

En la película, hay un narrador extradiegético a través de una voz en off. Con este recurso se crea expectación, haciendo reflexionar al espectador sobre el “efecto mariposa” donde pequeñas variaciones de los acontecimientos pueden modificar el futuro de una vida.

Es un narrador omnisciente que sabe más de la historia que los propios personajes. La posición de la voz del narrador es posterior a los sucesos narrados, siguiendo así un orden no lineal del relato a través de un flashback donde describe el accidente de Daisy y cómo podría haber cambiado la historia si no se hubiesen producido una serie de sucesos. El relato sintetiza la historia para conseguir que el tiempo de narración sea más corto que el tiempo que necesita ésta para desarrollarse. Un claro ejemplo de esto es la parte en la que se utiliza el efecto de cámara rápida para describir cómo podría haber cambiado el futuro de Daisy.

Estamos ante una película y en concreto ante una escena que son un claro ejemplo de cómo contar una maravillosa historia con una narrativa fluida y perfecta.

Claudia Castaño Fernández