En esta época tan mala que nos está tocando vivir a causa de la pandemia de la COVID19, nadie se ha preguntado por una situación cotidiana muy extraña. Ya sé que lo más importante son las vidas que se pierden. Hay personas que están falleciendo sin apenas poder despedirse y sin tener al lado a alguien que les coja la mano. ¡Qué triste! Todos sabemos que nos vamos a morir, pero nunca pensamos que en condiciones tan horribles. Espero que llegue pronto la ansiada vacuna y que todo esto lo podamos recordar sólo como un mal sueño, como una pesadilla que nunca debió suceder.

Sin embargo, desde que empezó la pandemia, he caído en la cuenta de que nos hemos dejado de dar besos. Ya no besamos a nuestros abuelos, a nuestros padres, a nuestros amigos. Saludamos a los vecinos a distancia, sin apenas poder expresar nada, porque las mascarillas nos tapan. Supongo que a veces me da miedo hasta abrazar a mis padres y procuro no hacerlo. A mis abuelos ni se me ocurre, pues siempre tenemos ese miedo a poder ser portadores asintomáticos y poder contagiarles la enfermedad. ¿Nos estaremos deshumanizando? A las parejas también le pasa lo mismo. Mis padres se besan mucho menos que antes.  Mi padre trabaja fuera de casa y, cuando viene del trabajo después de varios días, no sabe muy bien ni cómo saludarnos, pues ese miedo a contagiarnos le atenaza.

La pandemia no sólo nos está haciendo perder un tiempo de nuestra vida que no vamos a volver a recuperar, sino también unas señales de afecto que nos unen a familiares, amigos y conocidos. Tendremos que aprender a vivir de otra manera; tendremos que ir poco a poco. Pero, por favor, que nos podamos volver a abrazar y besar como hacíamos.

Ana González Carretero