La criogenización es un tema poco visible en nuestro día a día; incluso puede haber gente que no haya escuchado nunca este término. La criogenización es un método que consiste en someter a una persona a condiciones extremas de frío con el fin de preservar su cuerpo en unas condiciones que permitan poder ser reanimado en el futuro.

Este proceso ya se lleva a cabo día a día en algunos laboratorios, pero en unas dimensiones muy limitadas. Cada vez es más frecuente congelar ciertas células como óvulos o espermatozoides sin que sufran ningún daño para ser utilizados posteriormente. Sin embargo, criogenizar un cuerpo entero o un cerebro es un proceso mucho más complicado, debido a que, al congelar tejidos, estos se pueden dañar. De momento no se puede garantizar que haya resultados. No obstante, cabe esperar que en un futuro próximo este procedimiento sea viable.

Este tema me parece muy interesante, pues se trata de un desafío de la ciencia a la muerte y pone sobre la mesa la posibilidad de convertirnos en seres “inmortales”. Se puede considerar diferentes puntos de vista respecto a las implicaciones de este método. En primer lugar, la resurrección se podría considerar algo bastante egoísta si la decisión proviene por ejemplo de una persona mayor que ya ha tenido todo tipo de experiencias durante su vida. En cambio, posiblemente no lo veríamos igual si se tratase de un niño que ha muerto y al cual le ha quedado toda su vida por vivir o de alguien que ha llevado una vida miserable. Esta opinión variaría según la ética de cada individuo, de sus creencias y también de los cambios de pensamiento que se puedan producir al ver que la muerte se acerca. En segundo lugar, más inquietantes quizá serían las consecuencias sociales que provocaría. Como el proceso es muy complejo, resultaría muy caro, por lo que sólo estaría al alcance de las personas más ricas. El hecho de que sólo las personas más influyentes y poderosas pasaran a ser “inmortales” se percibiría como un privilegio ilegítimo. A ello habría que añadir que los nuevos “inmortales” nunca querrían perder sus privilegios por lo que impondrían con más fuerza aún sus ideas. El mundo podría acabar siendo una auténtica distopía. En tercer y último lugar, pero no por ello menos importante, habría que considerar los factores ecológicos. Si la técnica llegara a popularizarse y cada vez hubiera más inmortales, resultaría una presión demográfica insostenible sobre un planeta ya superpoblado y con graves problemas ecológicos.

Por el momento solo hemos visto este proceso en las películas y no es posible llevarlo a cabo en la realidad. No obstante, algunas personas con una gran capacidad económica ya han sido criogenizadas con la esperanza de poder vivir otra vida en ese futuro tan incierto que nos espera.

Mi opinión es que debemos estar abiertos a la innovación científica, pero también hay que considerar sus implicaciones éticas y poner siempre por delante el bien común.

Claudia Castaño Fernández