Vivimos en un mundo globalizado que permite la comunicación y la expresión de multitud de sentimientos y maneras de ver el mundo. Se trata de algo que nos ayuda a entendernos mejor. Sin embargo, también provoca que determinados pueblos vean su identidad cultural, sus tradiciones y costumbres eliminadas, siendo absorbidos por una sociedad cada vez más estandarizada. Por lo tanto, la globalización tiene ventajas y desventajas.
En la cara buena de la globalización se pueden encontrar los rasgos que caracterizan a las sociedades más modernas. Entre estos, podemos destacar la extensión de la comunicación, que da la posibilidad de contactar en tiempo real con cualquier parte del planeta, y la agilización de todos los procesos empresariales, con el consecuente aumento de riqueza. La comunicación permite, a su vez, el intercambio cultural y lingüístico, que fomenta la tolerancia y la difusión de los derechos naturales. Finalmente, otra ventaja de la globalización es la desaparición de las fronteras económicas. La libre circulación de mercancías y capitales ha generado algunos aspectos positivos para la economía global, aunque estos no siempre se han visto trasladados al conjunto de la población.
Sin embargo, también hay consecuencias negativas del proceso de globalización. Las principales son la uniformidad cultural y la desigualdad económica. Resulta paradójico que, mientras se favorece el intercambio cultural, estemos a un tiempo evolucionando hacia una uniformidad en el ámbito de la cultura.
Pero, desde mi punto de vista, la mayor desventaja es la deslocalización. Uno de los aspectos más criticados por los detractores de la globalización económica es el traslado de empresas nacionales a países donde los costes de producción son más bajos. Esta deslocalización ha tenido dos consecuencias negativas. Por un lado, al desaparecer los puestos de trabajo, se ha incrementado el paro en los países desarrollados y, por otro, se han precarizado los empleos y, en los Estados más desarrollados, se han perdido derechos que formaban parte del llamado Estado del bienestar.
En conclusión, las ventajas de la globalización también pueden ser vistas como desventajas, dependiendo de la posición particular de cada uno o del país de que se trate. Para los ciudadanos de clase media-alta que viven en países desarrollados la globalización es algo favorable, pero no ocurre lo mismo con los habitantes de lugares en vías de desarrollo o con menos poder económico.
Julia Berdasco García