El capitalismo se define como un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la importancia del capital como generador de riqueza y en la asignación de los recursos a través del mecanismo del mercado. Esta definición se traduce en que el libre mercado dicta quiénes acceden a los recursos y ello implica una distribución probablemente injusta de estos, puesto que la no intervención del Estado permite que se creen monopolios.

El problema reside en que estos recursos, que se traducen en riqueza, son los que determinan la capacidad de un individuo para vivir. En este sistema económico no está asegurada la vivienda o la sanidad pública, así como tampoco lo están la comida, el agua o la ropa. Aunque en la actualidad sí que existen formas de gobierno, como la social-demócrata, que permiten al Estado distribuir parte de la riqueza gracias a los impuestos, éste sigue siendo un sistema capitalista que no es capaz de disminuir los niveles de desigualdad. El ver las necesidades básicas como algo que el individuo consigue en función de su productividad es inmoral, pues sin ellas cubiertas el ser humano no puede considerarse libre. Para que un sistema social se pueda considerar justo y su población realmente libre, este debe asegurar que las necesidades básicas de todo el mundo sean cubiertas incondicionalmente. El salario mínimo que debemos cobrar y el que necesitamos para vivir dignamente no deberían ser conceptos separados.

Independientemente de tu ideología política, este es un problema global que nos afecta a todos por igual. La gran mayoría no pertenecemos al 1% que acumula la mayoría de los recursos limitados del planeta.  El ser anticapitalista ya no es solo una cuestión de humanidad o ecologismo, es una cuestión de supervivencia de la especie.

Alba González Ginovart