Estoy segura de que todos hemos tenido alguna vez la experiencia de entrar en una página web de ropa, ver lo bien que le queda a la modelo el vestido que lleva puesto y, justo cuando estamos a punto de comprarlo, pensar “… pero ella está más delgada”. Este tipo de situaciones podrían pasarnos desapercibidas y no tener mayor importancia si los medios no nos bombardearan a diario con cientos de imágenes de este tipo, que consiguen calar en nuestra mente e influir en la percepción que tenemos de nosotros mismos.
A pesar de que somos cada vez más conscientes de que los ideales de belleza son simplemente eso, “ideales”, los estereotipos siguen muy arraigados en la sociedad. Desde que somos pequeños se nos enseñan unos cánones de belleza y de éxito muy específicos. Por eso, no es de extrañar que tratemos de acercarnos a ellos en la medida de lo posible. Sin embargo, aunque estos cánones no sean realistas, la obsesión con ellos puede dar lugar a trastornos psicológicos, como la anorexia o la depresión, cuyas consecuencias sí que son muy serias y reales. Resulta preocupante, por ejemplo, que hayamos normalizado el felicitar a una persona por haber bajado de peso sin pararnos a pensar cuál es la percepción que tiene esa persona de su cuerpo o por qué consideramos que eso sea algo admirable.
Por otra parte, la realidad es que, en las redes sociales y en los medios de comunicación, siguen triunfando aquellos que mejor cumplen los requisitos que la cultura impone, dejando poco espacio a la pluralidad. Como consecuencia, es muy fácil que quienes no encajen en esos estereotipos sean vistos como objeto de burla o desprecio. Lo único que se consigue así es condenar la diversidad y a todo aquel que trata de salirse del rebaño. ¿Qué interés tendría un mundo en el que todas las personas fueran y actuaran de la misma manera? En mi opinión, lo mejor sería que todos recibiéramos el mismo trato a pesar de ser diferentes y únicos, tanto por fuera como por dentro.
Puede que este tema resulte superficial o de poca importancia, sobre todo para personas mayores y menos influenciables, pero es triste pensar que seguimos contribuyendo a perpetuar estos estereotipos en las nuevas generaciones. Además, si realmente es un tema tan superficial, ¿por qué no podemos dejar de mirarnos al espejo sin preocuparnos de si cumplimos con la interminable lista de cualidades que la sociedad espera de nosotros?
Elena Pérez San Luís