España es el país con mayor demanda de sexo pagado en Europa. Los datos son espeluznantes: el 39% de los varones españoles en edad adulta ha recurrido a la prostitución en alguna ocasión. Estas cifras nos sitúan como el tercer país a nivel mundial donde más prostitución se consume. ¿Pero es legal la prostitución en España?

Actualmente, en nuestro país, la prostitución se encuentra en una situación de alegalidad: ni es legal ni ilegal, y su ejercicio es libre. Sin embargo, aunque la prostitución libre no esté recogida en el Código Penal, sí que se encuentran tipificados los delitos de prostitución de menores, prostitución forzada y el hecho de lucrarse de que otra persona la ejerza, aun haciéndolo voluntariamente, si hay explotación (proxenetismo). Este vacío legal y su gran demanda en nuestra sociedad son aprovechados por organizaciones criminales y mafias. Y es que no podemos hablar de prostitución sin hablar de discriminación y trata de mujeres, pues el 94% de las víctimas con fines de explotación sexual son mujeres y niñas.

Después de dar estas escalofriantes cifras, nos hacemos la gran pregunta: ¿regularización o abolición?

Es un hecho que, si tienes que pagar por practicar sexo con alguien, es porque libremente no ha querido estar contigo. La prostitución se diferencia de una violación solamente en que existe un billete de por medio. Otro hecho es que el 80% de las trabajadoras sexuales ejercen la prostitución en contra de su voluntad. Y es que, en realidad, la prostitución no es ocio, sino explotación. Su abolición es, por lo tanto, más que necesaria, al menos en teoría.

Sin embargo, la prohibición de algo no implica que eso deje de existir. De este modo, no se lograría la protección de las mujeres, más bien todo lo contrario, pues el hecho de que la prostitución fuera ilegal las volvería aún más vulnerables debido al aumento del número de mafias.

Teniendo en cuenta lo anterior, una regularización estricta de la prostitución, como ya se ha hecho en Alemania, Holanda o Suiza, quizá podría ser la mejor opción. Esto protegería a las trabajadoras sexuales y combatiría a un tiempo de una forma más eficaz a las organizaciones criminales que se dedican al tráfico de personas. Además, se lograría garantizar los derechos de quienes, por escaso que sea su número, decidan ejercerla libremente sin que se vea limitada su derecho a trabajar en ello.

En definitiva, una sociedad libre de prostitución no es más que una quimera, por lo que su regularización sería la solución más realista contra el proxenetismo. No obstante, resultaría más efectivo a largo plazo una correcta enseñanza que eduque en valores y a no considerar a las mujeres como objetos, pues la prostitución no existiría si no hubiera quien la consumiese.

Álvaro Lerones Eguren