La inteligencia artificial (IA), como su propio nombre indica, no es una inteligencia humana, sino que es la capacidad de que las máquinas tomen decisiones por sí mismas. Esto nos puede hacer pensar en, si cuando estén mucho más desarrolladas, podrán llegar a rebelarse contra nosotros.
Cada vez que se crea algo que puede cambiar nuestra forma de vivir, surgen los miedos. Un claro ejemplo fueron los movimientos sociales contra las máquinas que hubo en el siglo XIX. La incertidumbre, y con ella la inseguridad y el temor, siempre surgirán ante cualquier cosa que altere nuestra vida.
Desde mi punto de vista, un avance tan importante como este, bien empleado, traerá muchos beneficios en campos tan diversos como la medicina, puesto que pueden diagnosticar, tratar o incluso hacer operaciones muy precisas; en el desarrollo de coches que conduzcan solos y que evitaran la mayoría de los accidentes, producto del error humano; en educación, en finanzas, en telecomunicaciones… En definitiva, lo cambiará todo y nos facilitará las cosas. Imaginémonos el caso de una persona mayor que pueda vivir sola teniendo todos los cuidados y atenciones de un robot. Todos esos beneficios pueden traer consigo la pérdida de empleo, que seguramente sí la habrá en los trabajos actúales. Pero, como toda nueva tecnología, también traerá consigo otro tipo de trabajos que ahora todavía no existen.
En cuanto al peligro de que la IA, mal aplicada y en malas manos, provoque que las máquinas vayan en contra de nosotros, habrá que evitarlo dictando unas leyes muy estrictas y que estén siempre supervisadas
En conclusión, como en todo, siempre habrá que correr algún riesgo. Pero los beneficios son mucho mayores que los perjuicios. Y, si queremos seguir progresando, tendremos que tener la mente abierta a lo que nos depare en futuro.
Lorena Tablado Fraga