Durante las últimas semanas, los dirigentes de los países más importantes del mundo se han reunido en la conferencia del clima (COP26), en Glasgow, para tratar uno de los temas más importantes de nuestra sociedad: el cambio climático.

Han debatido y debatido sobre los cambios que se deben hacer y las medidas a implantar, sobre cómo acabar con los vehículos de combustión, sobre la fabricación de materiales sin energías fósiles y la menor ingesta de alimentos, como la carne, para evitar que el ascenso de la temperatura no sea superior a 1,5 grados. Pero los líderes mundiales han sido criticados por no dar ejemplo y decir a la gente lo que tiene que hacer cuando ellos no lo hacen. Se ha comentado mucho en los medios de prensa, por ejemplo, cómo han utilizado jets privados. Se dice que se desplazaron en más de cuatrocientos jets para atravesar océanos y países con el fin de llegar a la conferencia; aviones privados que son diez veces más contaminantes que los aviones comunes de pasajeros. El presidente Joe Biden, en concreto, viajó de Washington a Roma, y luego de Roma a Glasgow. Su viaje ha producido toneladas de dióxido de carbono. También se publicó que había utilizado ochenta coches para él y su comitiva.

¿Y luego pretenden concienciarnos de que apoyemos la lucha contra el cambio climático aplicando fórmulas sencillas como la regla de las tres erres: reciclar, reducir y reutilizar? La contribución y la colaboración en la lucha contra el cambio climático debería comenzar con el ejemplo de nuestros representantes y personas destacadas: líderes políticos, altos ejecutivos de empresas, banca…

Miguel Espina Ruiz de la Peña