En nuestro día a día, a todas horas y sin que nos demos cuenta, las empresas de todo tipo nos bombardean con publicidad. Utilizan diferentes medios: televisión, radio, carteles publicitarios, folletos en nuestros buzones, correos electrónicos, publicidad digital…

Intentan llegar a nosotros mediante estímulos visuales y auditivos. Echan mano de famosos: futbolistas, actores o cantantes de moda. Utilizan canciones pegadizas y populares, colores vistosos y formatos llamativos para, sin darnos cuenta, influir en nuestras decisiones.

Si se me ocurre buscar en internet información acerca de unos playeros, al instante comienzo a recibir en mi móvil anuncios en los que me ofertan los mejores, los más rápidos, los más cómodos del mercado. Sin pretenderlo y dejándome llevar, abro esas páginas y leo lo recibido. Después de perder media hora leyéndolos, termino siendo un “experto” en playeros y los compro, cuando mi intención era únicamente informarme.  A fin de cuentas, no son más que unos playeros y, después de unos días, me pregunto si realmente los necesitaba o si me habré dejado manipular.

¿De verdad nos merece la pena adquirir tantos productos que nos ofrecen los grandes comercios para lucirlos ante nuestros conocidos? Yo opto por renunciar a que me intenten engañar con esos diseños tan increíbles y procuraré abstenerme de comprar por la red.

Miguel Espina Ruiz de la Peña