Esta pregunta se la siguen haciendo los científicos en la actualidad, muchos años después de que Charles Darwin publicara su famosa obra El origen de las especies.
Si nos paramos a observar al ser humano como especie, nos damos cuenta de que somos una especie única en el reino animal, mucho más “avanzada” que el resto. Pero no nos podemos olvidar de que el ser humano proviene de los simios, de los cuales hemos evolucionado hasta convertirnos en lo que somos hoy en día, y que hay muchas cosas en las que nos parecemos a estos animales. ¿Pero somos tan diferentes de los primeros humanos que aparecieron en el mundo?
Obviamente, si comparamos los seres humanos con, por ejemplo, el Homo Habilis se pueden observar grandes diferencias tanto a nivel físico como a nivel psicológico. ¿Pero y si nos comparamos con, por ejemplo, un antiguo ciudadano del Imperio Romano? En este caso, ya no podemos encontrar tantas diferencias, por no decir que no podemos encontrar ninguna. Esto nos lleva a plantearnos un dilema: o no hemos evolucionado desde hace cientos de miles de años, o hemos evolucionado de forma tan minúscula que no sabemos de verdad si hemos evolucionado o no. Es verdad que desde la época de los primeros Homo Sapiens (hace 120.000 años) hasta el Imperio Romano (hace 2.000 años) ha pasado mucho tiempo. ¿Seguimos evolucionando o, por “protegernos” tanto, hemos dejado de hacerlo?
Para responder a esta pregunta, podemos pensar en una persona que vivió hace 8.000 años, en la Edad de los Metales. Si nos paramos a pensar detenidamente, llegamos a la conclusión de que, desde que los humanos nos establecimos en un lugar definitivamente, formamos comunidades y aprendimos a comunicarnos mediante un idioma hablado, entre otras muchas cosas, hemos evolucionado mínimamente. Por así decirlo, nos hemos sentido más cómodos y ya no nos hace falta hacer muchas cosas que se hacían antes.
En mi opinión los seres humanos evolucionamos prácticamente hasta como somos ahora en los primeros miles de años desde que aparecimos y, desde entonces, no hemos evolucionado nada o mínimamente. Por eso, si ponemos a una persona de hace miles de años al lado de una persona de la actualidad, las diferencias serían mínimas.
Alejandro de la Fuente Fernández