Hoy en día las redes sociales están al alcance de prácticamente todo el mundo. Esto significa que nosotros podemos compartir nuestro día a día con todas aquellas personas que nos siguen en una determinada red social. Esto no implica siempre resultados positivos, pues cuanta más personas formen parte de esa red social, mayor toxicidad hay.
Un claro ejemplo es la famosa red social de TikTok. Esta aplicación se basa en la publicación de vídeos cortos que se repiten en bucle. En esta aplicación, como en la mayoría, nos encontramos con aquellas personas que cumplen los cánones de belleza impuestos por la sociedad. Normalmente los comentarios de los vídeos de estas personas están llenos de comentarios tipo: “tutorial de cómo volver a nacer”, “qué me costaba nacer así”, “perdón por robarte oxígeno” o comentarios que van mucho más allá como “hoy no como” o “no me había sentido culpable por comer hoy hasta que vi este vídeo”.
¿Pero por qué ocurren estas cosas?, ¿por qué, si vemos que no cumplimos esos cánones de belleza inexistentes que la sociedad ha impuesto, nos sentimos mal? La mayoría de esos cuerpos no son naturales o están editados para que lo parezcan. Lo que ocurre es que, al igual que hay gente que se siente insatisfecha por los vídeos que otros usuarios publican, hay personas que sólo están satisfechos si lo muestran a los demás.
Si navegas por TikTok y te encuentras un vídeo de dos chicas con dos tipos de cuerpo totalmente diferentes, la gente se dedica a intentar humillar a la chica que menos se adecúa a los cánones de belleza actuales. También puede darse el caso de que salga un vídeo de una persona grabando un trend y que los usuarios se dediquen a hacer comentarios sobre su nariz, su frente, sus dientes… es decir, a sacar cualquier pega incluso de la ropa.
Todo esto nos tiene que hacer reflexionar en los daños que pueden llegar a causar determinados comentarios. Las redes sociales ya se han convertido en espacios tóxicos de los cuales formamos parte millones de personas.
Carmen Fanjul de Juan