La gente suele tener bastantes miedos o fobias; a las alturas, a los bichos, al futuro, etc. (o incluso el precio de la luz, que ahora ha subido mucho). Pero mucha gente no se plantea que hay un miedo mayor a todos: el miedo a uno mismo.

Como animales sociables que somos tendemos a reunirnos en grupos formando una familia y establecemos unas relaciones íntimas en mayor o menor medida: Solemos estar acompañados y “resguardados” en una cúpula protectora donde sabemos que podemos contar con gente en quien confiamos plenamente. Pero esta capa protectora se rompe cuando careces de esas relaciones, es decir, cuando estás solo. El estar solo en la actualidad no solo implica no tener relaciones, sino también el no recibir llamadas ni mensajes. Todo esto crea un sentimiento de angustia, ansiedad y vacío, de que te falta algo, el mínimo contacto con el mundo exterior, los amigos.

Después de todo esto, os preguntareis qué tiene que ver lo que os acabo de contar con el tema principal. Pues bien, al estar solos, nos tenemos que aguantar a nosotros mismos todo el día. Vemos nuestras imperfecciones, nuestras facetas malas, las cosas que no nos gustan de nosotros. Eso deriva en un sentimiento de miedo hacia nosotros mismos. El vivir en la ignorancia siempre causa felicidad, pero el ver cómo somos realmente puede suponer cierto shock. Un ejemplo es cuando estás solo, intentas distraerte, y haces lo que sea con tal de pensar en cómo te sientes y cómo somo eres en realidad. Entonces, huimos constantemente de una verdad que no cambia. Y esta es la causa de que la sociedad haya calificado a la soledad como nuestra gran enemiga. Como ya se dijo anteriormente, nuestra condición de animales sociales nos exige pertenecer a un grupo, una aprobación social. El miedo a uno mismo surge por esa falta de aceptación. Perdemos nuestra libertad y terminamos por odiarnos a nosotros mismos. Rechazamos nuestro malestar y sufrimiento, ocultándolo entre sonrisas en un grupo social. Pero, cuando no está el grupo, no se puede hacer nada para no examinarnos a nosotros mismos, y ver lo peor y más oscuro de cada uno.

Para concluir, nuestro verdadero “yo” es lo que más miedo da a todo ser humano. La sociedad que nos ha inculcado este pensamiento. Pero conocerse y ver todas nuestras imperfecciones y sufrimientos no es malo. Si se organiza y se sobrelleva de una manera correcta, sirve para definirnos y crecer a nivel personal.

Félix de la Puente Rellán