Se dice que la creatividad es la capacidad o facultad de generar ideas o contenidos originales a partir de otros ya adquiridos previamente. Se podría también entender como un “pensamiento original” si lo queremos decir con menos palabras. Todos los humanos tenemos, en mayor o menor medida, esa capacidad; todos somos capaces de generar obras y creaciones propias a partir de unas ideas que conocemos. La pregunta que quiero plantear es: ¿Nos podrían sustituir las nuevas máquinas ‒la Inteligencia Artificial (AI)‒ en esas facultades creativas?
Responder esa pregunta es complicado. Me gustaría argumentar que, como decía Platón en su teoría del conocimiento, todo tiene una gradación. La creatividad no es blanco o negro. Una máquina puede crear cierto contenido, generar ideas y obras propias, a partir de información de otras obras que, mediante combinación y el denominado “aprendizaje computacional”, se procesan para generar un resultado “creativo”. He aquí la clave del problema, una máquina puede crear una obra original: música, poemas, narraciones y un largo listado de elementos. De hecho, ya lo han logrado, y lo seguirán haciendo. Igual que en su momento un ordenador ganó al mejor de jugador de ajedrez, los potentes ordenadores están hoy en día siendo los Picasso y Schönberg 2.0. Pero el hecho es que las máquinas solo puedan crear contenido a partir de otras obras, similares a las de otros autores. Ahí reside el “quid” del problema.
En su momento, Picasso inventó el cubismo, cambió las reglas predeterminadas en la pintura. Lo mismo ocurrió con la música atonal de Arnold Schönberg y con determinadas obras cuyos autores, haciendo uso de su parte creativa y rompiendo las reglas impuestas en el campo, lograron crear nuevas formas de composición de elevada calidad.
El punto crítico de la pregunta está en que las máquinas están programadas, es decir, se introduce en su microprocesador una serie de reglas e instrucciones para que realicen una función. Pueden aprender y crear cierto contenido e ideas originales a partir de las dadas, pero siempre estarán atadas a esos programas que, por su fisionomía, no pueden romper. Por lo tanto, nunca podrán tener ese “pensamiento original” en sus grados más altos.
¿Son, por consiguiente, creativas las máquinas? Sí, hasta cierto punto. La creatividad computacional, como se la conoce ahora, existe y, mediante lo explicado anteriormente, las máquinas y los ordenadores nos ayudarán con determinadas tareas que requieran de los primeros grados de creatividad. A pesar de eso, los humanos seremos quienes realicemos las labores creativas que requieran desligarse de todo lo conocido anteriormente: construir un puente llevando al límite los principios de la física, resolver un problema matemático que conlleve buscarle la quinta esencia a los teoremas que ya conocemos y un largo etcétera de cuestiones que solo los humanos podremos realizar.
En conclusión, llevamos una larga ventaja a las máquinas en la carrera por ser los más creativos y, por lo que conocemos actualmente, los ordenadores están condenados a ser nuestros gregarios en la carrera, sirviéndonos y llevando a cabo las labores creativas más fáciles, y dejándonos a nosotros el ascenso al último puerto, es decir, dejándonos a nosotros conquistar los grados de creatividad más complejos.
Nacho Tresguerres Álvarez