Desde que el ser humano es humano, es decir, desde que somos conscientes de lo que somos, siempre nos hemos hecho una pregunta: ¿De dónde venimos?
A primera vista, esta pregunta puede resultar un tanto banal, pues la hemos escuchado miles de veces, pero guarda un trasfondo de miles de teorías aún sin confirmar. A lo largo de la historia, el ser humano se las ha ingeniado para darle respuesta y así poder tener, de alguna manera, la conciencia tranquila. Empezamos creyendo en unos dioses que jugaban con el mundo como si de un juego de mesa se tratase. Éstos nos castigaban causando catástrofes, como inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, etc. en función del pie con el que se hubiesen levantado ese día. Luego, pasamos a creer en un único Dios, al cual se le entregaba nuestra vida en la Tierra, mediante rezos y oraciones para ganarse un sitio en el cielo. En el siglo XVII, la ciencia se independiza de la filosofía, y es aquí donde comienza una nueva forma de pensar y percibir el mundo. Con la ciencia ya no recurrimos a un dios como respuesta a las preguntas elementales. Siguiendo un método, ésta nos sirve de puente para alcanzar esas respuestas que hasta el momento no teníamos.
Volviendo a la pregunta, entonces, ¿de dónde venimos? Debemos retroceder en el tiempo hasta llegar a lo que hoy día es la teoría más aceptada por la comunidad científica, y la mayoría de la gente, la teoría del Big-Bang. Esta teoría nos permite entender lo que pasó en el universo instantes después de la “explosión” primigenia de energía. Pero no nos permite conocer qué había justo antes de que eso pasase. A esta teoría le han surgido otras competidoras no tan conocidas y no tan científicas. Un ejemplo sería el cerebro de Boltzmann, un improbable suceso que nos dice que tú, sí tú, el que está leyendo esto, eres el único ser consciente de todo el universo y que todo lo que te rodea es pura imaginación.
Para concluir me gustaría dar mi opinión sobre el tema. Como decía al principio, el ser humano se mueve con unos fines, entre los que se encuentra el saber con certeza de dónde venimos. Por ello ha sido capaz de crear miles de respuestas a una pregunta no tan banal.
Miguel Gamallo del Campo