La “cannabis sativa” o marihuana es una droga, natural, pero una droga. El consumo de cualquier droga repercute en nuestra salud a largo o corto plazo y el cannabis no es menos. Sus consumidores tienden a desarrollar ansiedad, psicosis y depresión. En consumidores habituales, produce una reducción en el tamaño del hipocampo y de la amígdala, y muchos problemas de salud mental y física. Estos problemas a primera vista pueden asustar, debido a que son bastante serios. Pero si nos ponemos a buscar los efectos nocivos que producen las drogas (sean legales o no) hay otras que son mucho peores.
En algunos países el cannabis ya es legal, pero regulado en cierto modo; es decir, dependiendo del país, su regulación varía. Por ejemplo, en España el consumo medicinal está legalizado. Según la situación del paciente, el médico podría recetarle, si lo cree conveniente, una marihuana especial para el caso. La marihuana medicinal contiene en su gran mayoría CBD, un componente cannabinoide con propiedades ansiolíticas y relajantes. Esta marihuana medicinal se puede recetar como tratamiento para la ansiedad, la esquizofrenia, el dolor crónico, etc.
¿Pero debería legalizarse por completo el cannabis? Este tema es más complejo de lo que parece, Aunque su consumo fuese legal, no se podría consumir en la calle. Se debería consumir en casa o en sitios públicos adaptados a ello, como clubes cannábicos o “cefee shops”. ¿Qué beneficios traería su legalización? El más evidente sería el ahorro por parte del Estado en la lucha contra su tráfico. El gobierno establecería las normas de distribución y el tratamiento de los adictos seria de carácter público. Los vendedores tendrían un seguimiento por parte del gobierno y la marihuana o sus derivados serían de mayor calidad. Y habría muchas más ventajas.
Pero la legalización tiene también sus desventajas. La principal y más grave, desde mi punto de vista, sería que la legalización daría a los niños un mensaje erróneo: considerar las drogas como algo aceptable. La normalización de la droga a ojos de los niños sería un grave problema, que junto a la mala educación que algunos padres ya les dan a sus hijos sobre el consumo de drogas legales, provocaría una peligrosa combinación. La facilitación de la venta crearía nuevos consumidores en lugar de ayudar a los actuales. Los costes de la seguridad social aumentarían. Además, supuestamente, una sustancia nociva como el cannabis no puede ser distribuida por el Estado, cuyo objetivo es proteger a los ciudadanos. Ahora bien, esto si se aplica al cannabis también debería ser aplicado a las drogas legales que están en el mercado (alcohol y tabaco), que son igual o más perjudiciales que el cannabis y están completamente visibilizadas
Muchos consideran que, mediante la legalización, se reduciría la compra de cannabis en el mercado negro y esto sería beneficioso. Hasta cierto punto seguramente es verdad, pero en algunos casos el remedio sería peor que la enfermedad. En California, por ejemplo, después de la legalización del cannabis, el mercado negro de dicha sustancia aumentó considerablemente. Esto se debió a que muchos jóvenes consumidores no podían comprar la sustancia debido a su edad y también a que la legalización hizo aumentar el precio de la sustancia en comparación con la que se consigue en la calle en el mercado negro.
Para concluir, me gustaría añadir que en la sociedad en la que vivimos es prácticamente imposible encontrar a alguien que nunca se haya drogado y, como desgraciadamente esto va a seguir así, sea con cannabis, alcohol o cualquier otra droga, la gente debería pensarse dos veces lo que hace y, si quiere consumir, que sea con responsabilidad, sabiendo lo que hace y las consecuencias que esto le puede traer.
David Alonso Santa María