Se considera que la felicidad es difícil definir. Es muy fácil entristecer a una persona y definir esa emoción, pero no pasa igual con la felicidad. Un sociólogo te diría que la felicidad es el bienestar que te da la sociedad que te rodea; un neurocientífico te dirá que es un proceso químico, una mezcla de dopamina, serotonina… Y el filósofo dirá un millón de cosas: Aristóteles, por ejemplo, diría que la autorrealización; el hedonismo, que la búsqueda del placer; el estoico, aceptar la naturaleza humana… y cada uno te dirá una cosa distinta.
¿Pero entonces cómo puedo ser feliz? ¿acaso la felicidad es algo que se puede medir? En diferentes estudios para ver en qué países más felices sus habitantes, se analizan los ingresos, la esperanza de vida, el apoyo social… Y todos llegan a una simple conclusión: sin los bienes mínimos, la felicidad quedará en segundo plano. En los países ricos, se ve que el bienestar está muy lejos de ser sinónimo de felicidad. Si no, siendo una de las economías más grandes del mundo, Japón no puntuaría bastante por detrás de España o Italia en cuanto a felicidad. Estos estudios sirven para verificar que la pirámide necesidades de Abraham Maslow funciona. La pirámide explica cómo las necesidades de diferentes niveles están conectadas con la felicidad, siendo las necesidades fisiológicas, las primarias, y la autorrealización, la última. Dicho de otro modo, si hace dos días que no comes nada, no te dará por preocuparte de que los demás te respeten.
A cada uno nos hace feliz una cosa distinta, pero todos dependemos de en qué posición de la pirámide nos encontremos y cuánto tiempo estemos allí. Por ejemplo, si tu objetivo es ganar mucho dinero y lo ganas de golpe, a medida que pase el tiempo, te acostumbrarás gradualmente a ese nuevo estado, dándole importancia a otras cosas y normalizando la situación, para volver a empezar a sentirte insatisfecho. ¿Que será lo que me haga feliz esta vez? ¿encontrar pareja? ¿tal vez una casa? Lamento decirte que no hay camino más infeliz que una búsqueda obsesiva tratando de encontrar aquello que consideramos la felicidad. Nos llenamos de ansiedad y sembramos nuestro camino de obstáculos que nos hacen retroceder constantemente. Como resultado, conseguimos justo lo contrario y, por eso, la búsqueda se convierte en algo interminable.
Pero entonces, retomando la pregunta de antes, ¿cómo puedo ser feliz? El método más viable hoy en día quizá sea ponerte a prueba con tus propios proyectos. No tiene por qué ser algo super elaborado. El simple hecho de pintar un cuadro o montar una silla puede darte la felicidad que tanto buscabas. Eso sí, ten siempre claro que ese sentimiento será algo efímero. Por eso se dice que se disfruta más de la búsqueda del tesoro que del tesoro en sí. La búsqueda dura más tiempo, hay altibajos y no tiene que ser cada segundo una maravilla para que el conjunto siga siendo bueno, mientras que la alegría del tesoro, por muy bueno que sea, dura lo que dure asimilarlo.
Julen Canella Tascón