Hoy en día, la gente opta con mucha facilidad por responder con agresividad. Lo harán por motivos diferentes, pero yo creo que lo que más cabrea a cualquiera es que le faltes al respeto o te mofes de él. También hay muchos enfados por temas de ideología y política; sólo hay que echar un vistazo a la situación de España en estas fechas (26/3/2022), en que estamos viviendo una huelga de transporte debida a las medidas del gobierno para disminuir el uso del coche: han aumentado los impuestos de los combustibles, y eso provoca que los camioneros sientan que se están riendo de ellos y los están dejando sin dinero. Y así hay muchos sucesos, que van pinchando a la gente hasta que finalmente explotan, porque normalmente la gente suele aguantar hasta que hay algo que los hacen estallar.
En mi caso, soy una persona muy tranquila, paciente y comprensiva, por lo que no me gusta mosquearme. Pero hay ciertas cosas de la gente que no aguanto y que, si se diera el caso, podrían llegar a ponerme muy violento. La primera seria que me falten al respeto y que intenten imponerme cosas ‒obviamente, sin contar a las autoridades‒. Yo soy una persona tranquila y procuro no molestar a nadie. Pero si alguien viene con ganas de molestarme, seguramente me enfade y responda agresivamente. Y eso mismo se aplica en caso de que molesten a mi familia, mi pareja o mis amigos.
Creo que lo que sacaría lo peor de mí sería que agrediesen a alguien próximo afectivamente a mí; sobre todo a mi hermana o a mi pareja. En el supuesto de que ocurriera algo así, delante de mí, no sería nada agradable para el agresor. Me daría igual quién o cuántos fuesen. Si puedo, los muelo a palos a todos. Y no hablemos de un supuesto de violación; en ese caso mataría al agresor, y no le perdonaría, aunque suplicase. Si dependiera de mí, implantaría la pena de muerte para los violadores y asesinos de niños.
Jorge Puente García