Los coches autónomos ya son una realidad. Ya es posible que un coche funcione sin conductor. Pero, si ya es posible, ¿por qué no se venden de forma masiva? La razón puede ser que, aunque los coches autónomos tal vez tengan numerosas ventajas, también tienen muchos problemas. Curiosamente, un primer problema es un debate ético. Los coches autónomos deben estar programados para poder reaccionar ante cualquier contingencia de tráfico; y puede llegar el caso de tener que elegir entre atropellar a un niño o un anciano. No todo el mundo respondería del mismo modo ante este dilema. Los padres de niños seguramente decidirían atropellar al anciano. Pero gente de la tercera edad probablemente se decantaría por el niño. ¿Y cuál es la elección correcta? ¿Además, cuál sería la responsabilidad del conductor en el accidente cuando no está conduciendo, pues el que guía el coche es un programa desarrollado por una compañía? Un momento, ¿sería entonces la empresa desarrolladora del software la responsable? ¿Y si alguien nos jaquea el sistema y, convertido nuestro coche en un zombi, es cuando se produce el atropello? ¿No tendría el conductor ninguna responsabilidad por haber navegado en páginas dudosas con el ordenador de a bordo y facilitar, así, el jaqueo del vehículo?

Como podéis observar, todavía quedan muchos problemas por solucionar hasta poder vender estos coches de forma masiva, aunque tecnológicamente ya sea posible.

Lucas Vilalta Gómez