¿Prefieres que te lo cuente o mejor me callo? Para algunos, la respuesta, sin duda, sería el silencio.

Los hedonistas evitarían a toda costa ser heridos. Priorizarían la ignorancia antes que cualquier cosa que pueda alejarles del placer que supone la amistad o la falta de preocupaciones en la vida. Entonces, ¿la felicidad es solo cosa de tontos? Sin embargo, filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles consideraban que el conocimiento era la actividad cumbre del ser humano; que realmente este debería vivir por y para conocer. Según ellos, entonces, no se podría llamar verdadera felicidad a vivir en la ignorancia.

Personalmente, entiendo la posición ¨fácil¨ de que vivir en la ignorancia es una opción segura que puede ahorrarte malos momentos a lo largo de tu vida. A la vez, es una posición muy peligrosa, ya que puedes ser manipulado y engañado fácilmente. Te ocultarán la verdad en beneficio de otros y no serás capaz de discernir entre lo que es verdad y lo que no. La ignorancia exige menos que el conocimiento. Por eso es tan común en nuestra sociedad, llena de ignorantes que aparentemente lo saben todo. Sin embargo, uno de los rasgos más bonitos del desconocimiento es que siempre va de la mano del saber. No es posible el conocimiento sin la ignorancia. Pero la ignorancia no puede ir acompañada del miedo ni ser acomodaticia, sino que tiene que ser curiosa y ágil. Debe ser la cerilla que enciende el fuego del conocimiento, el desencadenante que nos acerque a querer conocer lo que nos rodea, con sus cosas buenas y malas.

En realidad, pienso que el conocimiento es imprescindible en nuestras vidas, tenga los efectos que tenga. Para vivir en el mundo real, hay que tener conocimientos que poco a poco se van adquiriendo a lo largo de la vida, con experiencia, estudio, interés y curiosidad. Y tan importante es el conocimiento practico como el teórico. Los dos son esenciales para construir proyectos con autonomía. A fin de cuentas, la ignorancia puede ser un telón que no te permita ver qué está pasando en el escenario del mundo, y el conocimiento es el mecanismo que, invirtiendo esfuerzo, puede levantar telón. Pero cada uno debe decidir por sí mismo y elegir su estilo de vida.

Alonso Méndez Álvarez