Está es una pregunta que podríamos debatir durante horas. La RAE define el término ignorancia como “la falta de conocimiento”. Sin embargo, este concepto ha desempeñado un gran papel en la historia del pensamiento.
Si hiciésemos un viaje a lo largo de la historia, descubriríamos las preguntas que se han hecho muchos filósofos acerca de la ignorancia. Ya recogía esta cuestión Platón, en su Apología de Sócrates, donde el propio Sócrates reconocía no ser sabio. “Sólo sé que no sé nada”. Lo que el filósofo quería transmitir es que ninguna persona es realmente sabia y que el hombre más sabio es el que conoce su propia ignorancia. Descartes, por su parte, entendía la ignorancia como un estado de conciencia. En sus Meditaciones Metafísicas expresa que la “cosa que piensa” es una cosa que “duda, afirma, niega, entiende poco, ignora mucho, quiere, no quiere, imagina y siente”. Y Kant defendía que la ignorancia sólo pone de manifiesto la obligación de investigar.
En mi opinión, el ser ignorante es algo fácil y cómodo, pero también es peligroso. La ignorancia es como un viaje que nunca llegará a su destino. No podemos basar nuestra felicidad en verdades a medias, en el desconocimiento de aquellas cosas que nos rodean o en nuestra propia imaginación, sino que debemos buscar la felicidad en el mundo en el que verdaderamente vivimos, con todas sus imperfecciones y defectos. Creo que hay que ser ante todo conscientes y realistas. Aunque quieras soñar con un mundo imaginario y perfecto, al despertar te vas a dar cuenta de que tu vida sigue siendo la misma. Tenemos que aprender a buscar la felicidad en un mundo no feliz.
Elena Junco Argüero