A mi parecer, todas las personas podemos tener opiniones distintas y enfrentadas sobre casi cualquier cosa, y es precisamente eso lo que saca lo peor de nosotros. El no lograr convencer con nuestros planteamientos y pensamientos a otras personas nos enfurece, y en algunos casos se llega a terribles extremos. Si analizamos casos ocurridos a lo largo de la historia, todas las guerras, por ejemplo, tienen el mismo motivo: opiniones enfrentadas que acaban siendo un desastre para personas que quizás no tuvieran culpa de nada. Eso es lo que inevitablemente saca lo peor de la gente: el no tener razón.

Lo que a mí me saca de quicio de otras personas quizá sea su estupidez y su falta de interés en remediarlo. Con esto no me estoy refiriendo a la inteligencia de las personas, sino a su gran capacidad para ignorar y pasar de largo frente a gente con problemas; no solo indigentes o enfermos, sino incluso amigos cercanos. Tienen una especie de venda en los ojos que les incapacita para mostrar preocupación frente a cualquier problema que no sea suyo. Aunque la madurez consiste precisamente en ir consiguiendo progresivamente que nuestra peor cara se convierta en la mejor.

Cristina González Aranda