Los seres humanos somos animales sociales, ya que nos agrupamos en comunidades, y nos relacionamos con nuestro entorno personal más cercano para sobrevivir. Sin el proceso de socialización, el ser humano perdería su esencia, aquello que lo diferencia de las demás especies. A lo largo de la historia, se han dado casos de aislamiento social, uno de los más mediáticos fue el de Genie, la niña salvaje, una niña norteamericana que vivió aislada de la sociedad durante 10 años. Sin embargo, no es lo mismo el aislamiento social en los primeros años de vida que más adelante, cuando ya te has relacionado en distintos ambientes. La pregunta es si es posible recuperarse tras un aislamiento extremo en edades tempranas. La respuesta es claramente no.
El aislamiento social tiene numerosas consecuencias a nivel físico, intelectual y emocional, cuyas consecuencias son irreversibles en la mayoría de los casos. En primer lugar, las deficiencias a nivel físico incluyen problemas a nivel muscular. El estar aislado supone estar encerrado en una habitación sin tener ningún contacto con el entorno. Esto significa que el individuo va a disfrutar de escasa movilidad, suponiendo un grave problema para su desarrollo muscular, sobre todo si el aislamiento se produce a temprana edad, pues ese es el periodo en que tiene lugar la mayoría del desarrollo corporal del ser humano.
Otro tipo de consecuencias son las que tienen lugar a nivel intelectual. En este caso afecta al desarrollo de muchas habilidades, como, por ejemplo, el lenguaje. Si un niño es aislado de su entorno, sin tener la posibilidad de ir a la escuela, no desarrollará la capacidad del lenguaje, la cual es muy importante, tanto para comunicarse con los demás, como para pensar y comunicarte con uno mismo.
Por último, están las consecuencias a nivel emocional. Cuando un niño vive aislado, no sabe lo que es sentir afecto y cariño de nadie; desconoce lo que son las emociones; no sabe lo que es estar enfadado, triste o contento. Esta carencia se agrava al no tener oportunidad de ir a la escuela. Este es el lugar donde el niño, por la interacción con sus compañeros y profesores, comienza a descubrir las diferentes emociones, aprende a relacionarse, a empatizar y cómo debe comunicarse con los demás.
En conclusión, la socialización es un proceso fundamental en el ser humano, sobre todo la que tiene lugar durante los primeros años de vida. Si un individuo no se relaciona con su entorno y con otros seres humanos, las secuelas que este aislamiento pueden generar en él serán en muchos casos permanentes.
Lucas Bujanda Zaragoza