Siempre se han separado por una línea roja el concepto de amistad y el de romance. Una amistad siempre se puede salvar, mientras que, si un romance no va bien, no tiene remedio. ¿Pero es esto realmente así? Cada persona relaciona estos dos conceptos de una manera propia; quizá similar a otras, pero nunca igual, ya que dichos conceptos son muy abstractos. ¿En qué consiste la amistad? ¿Qué es? ¿Cómo es un buen romance? ¿Y una buena amistad? Como dije antes, cada persona tiene su propia idea.

Una amistad entre dos personas es como un acuerdo que firman ambas partes. Podría considerarse como un acta de matrimonio, en lo bueno y en lo malo, solo que dejando de lado el romance más carnal. Una amistad se basa en la confianza, en apoyarse mutuamente, ¿no? Una amistad sana tiene como soporte esas dos ideas, pues sin ellas, sin confianza y apoyo, no es una amistad, simplemente es una relación de conocidos que se llevan bien. Una forma de ver la amistad es verla como una tela de araña; hilos finos unidos entre sí por una serie de puntos fuertes de manera que, si se rompen, la amistad se va perdiendo. Un romance es lo mismo. Los puntos de sujeción son los mismos, confianza, amor o cariño, apoyo mutuo y paciencia. Estos puntos fuertes también se pueden romper, y en el momento en el que uno se rompe la relación comienza a peligrar. Los cuatro puntos tienen la misma importancia y, dependiendo de cuantos se rompan, una relación tiene arreglo o no.

¿Y se puede salvar siempre una amistad que se está perdiendo? No, pues todo depende de lo rota que esté la red de esa amistad. Una amistad tambaleante, donde solo quedan uno o dos puntos de apoyo de los antes mencionados, es casi imposible de arreglar; y en muchos casos no merece ni la pena intentarlo. Una amistad ya en las últimas es como una guerra de resistencia, donde ambos bandos, que en este caso son las dos personas que tienen ese lazo, ya están heridos y se han hecho daño. Cuando una amistad llega a su fin, las dos partes tiran de una cuerda invisible, esperando ver quién cede primero en esa amistad. El “lazo” que une a esas dos personas ha pasado a ser una cuerda de espinos, donde ambos se hacen daño.

Es difícil saber cuándo la amistad ya no es realmente beneficiosa para quienes la mantienen. Cuando la supuesta amistad se conserva simplemente por no hacer daño al otro, o a los demás, el daño acaba siendo peor. Al final, como en todas las guerras, todos salen perdiendo, pues el primero que soltó la “cuerda”, y que podría considerarse como ganador, sigue guardando rencor por el daño sufrido, además de ser el malo a los ojos de la otra persona. Y no solo salen perdiendo ellos, si no que su entorno también sale perjudicado.

¿Y, entonces, la idea de que “todas las amistades son salvables” es incorrecta? Pues sí y al mismo tiempo no. Como en todo, esto también depende de las personas y su forma de ver las relaciones. Habrá personas que contradigan esta idea, y otras que estén de acuerdo. Al fin y al cabo, todo depende de cada uno.

Covadonga Causo Peláez