Se podría definir la confianza como la esperanza que tenemos de que algo suceda o en que alguien actúe como nosotros queremos que lo haga. ¿Pero en qué nos basamos para confiar en una persona? Si nos preguntamos a nosotros mismos quiénes son las personas en las que más confiamos, éstas serán nuestros familiares más cercanos y nuestros amigos íntimos. ¿Por qué?

Solemos confiar en nuestra familia porque siempre han estado siempre ahí, con nosotros, desde que nacimos. Nosotros no escogemos a nuestra familia ni tampoco podemos cambiar cómo son. Por eso, en algunas cosas, nos fiamos mucho más de nuestros amigos. A estos sí los escogemos. Elegimos rodearnos de las personas que comparten nuestros valores y, con el tiempo, algunas situaciones nos demuestran que podemos confiar plenamente en ellas.

Esas situaciones que nos llevan a confiar en la gente son muy subjetivas y diferentes para cada uno. Por ese motivo, la confianza de cada persona puede variar con el tiempo y la gente con la que se relaciona. En todo caso, el tomar confianza necesita tiempo y, cuando alguien se fía mucho de otra persona y se ve defraudado, es difícil volver a recuperarla.

Henar Ruiz Marbán