La muerte, en sentido estricto, es la cesación o término de la vida; sin embargo, en el pensamiento tradicional, se considera la etapa final de la vida, en la que se separa el cuerpo del alma o conciencia, que es lo que nos hace humanos. A lo largo de la historia de la filosofía, se ha discutido el concepto de la muerte desde Platón y Sócrates hasta Kant o Heidegger. Para este último, la muerte es un acontecimiento esencial en la vida humana, y es el momento de decir adiós a todo lo que tienes.
¿Pero por qué nacemos si vamos a morir? No hay forma de responder a esta pegunta y, no obstante, vivimos toda nuestra existencia pensando en ese momento. Desde nuestro punto de vista occidental, nos genera miedo, tristeza o dolor. Ahora bien, otras culturas nos podemos ven la muerte de una manera completamente diferente a la nuestra, incluso celebrándola. El punto en común de todas esas visiones es la idea de la vida después de la muerte. Al igual que la pregunta anterior, tampoco tenemos evidencia alguna de que haya algo más. Sin embargo, el pensar en ello nos proporciona esperanza y alivio ante ese momento. Las religiones tienen un papel fundamental en ello.
En conclusión, en mi opinión, deberíamos dejar de considerar la muerte como un acontecimiento trágico y valorarla como el punto final de la vida, exceptuando casos como los suicidios, accidentes de tráfico o asesinatos. Al fin y al cabo, cuando te mueres, lo que se agota es tu cuerpo, pero tu conciencia y tu legado vivirá en la gente que te recuerde, porque en realidad nadie se muere mientras lo sigan recordando.
Pablo Fernández Álvarez