Son muchos los países del mundo que hoy en día viven en democracia. Cuando hablamos de este término, lo primero que nos viene a la cabeza es una forma de gobierno donde el poder político reside en el pueblo; poder que no es ejercido por los ciudadanos, sino por los representantes elegidos libremente tras votación en las urnas electorales.

Aunque la democracia tuvo sus inicios en la antigua Grecia, su representación era muy distinta a la que hoy conocemos, ya que no incluían en ella determinados colectivos como mujeres, esclavos etc. A lo largo la historia, han sido varios los pensadores que no se han mostrado a favor de ella. Para empezar, Platón consideraba que la aristocracia era el gobierno de “los mejores”, los sabios (filósofos); y, para Aristóteles, la mejor forma de gobierno era la monarquía. Ha habido diferentes concepciones de la democracia y esta ha evolucionado mucho hasta llegar a nuestro tiempo. A través de ella, se busca un objetivo: el bien común, que se ha de basar en el respeto a los demás.

Desde mi punto de vista, los actuales sistemas democráticos presentan ciertos síntomas de debilitamiento. En la mayoría de ellos han aparecido numerosos casos de corrupción; la justicia cada vez es más lenta; y el aumento de las desigualdades entre pobres y ricos está cada vez más presente. La población, en general, cada vez está más descontenta con estas situaciones, que habría que corregir para vivir en una democracia más igualitaria para todos. Por todo ello, para conseguir una democracia más equitativa y fuerte, es necesario que entre los gobernantes y la sociedad se establezca un diálogo con el objetivo único de alcanzar el bien común.

Durante el presente año, se celebrarán las próximas elecciones y cumpliré dieciocho años, como muchos otros jóvenes. Con la mayoría de edad, irá de la mano mi derecho a votar en las urnas. Este es uno de los ejercicios de libertad más importantes que tenemos en una democracia para ser escuchados. Todos deberíamos de ejercer ese derecho para construir una sociedad mejor.

Pablo Arias García