Hace unas semanas se hizo viral en las redes sociales una de mis cantantes favoritas, Melanie Martínez, gracias a los vídeos que publicó en su canal de YouTube, adelantando la nueva estética de su próximo álbum. A pesar de tener mucho reconocimiento y varias canciones famosas en Internet, recibió muchas críticas sobre su nuevo aspecto. Por serle fiel a su estilo alternativo y excéntrico, decidió darle un impulso a su carrera musical y adoptar un nuevo personaje con cuerpo mitad humano, mitad insecto. Rechazaba, así, su yo artístico anterior. Después de haber compuesto muchas canciones críticas, entre otras muchas cosas, con la sociedad y sus prejuicios, es juzgada por su audiencia al expresarse libremente. ¿Acaso somos hipócritas cuando algo se sale de la norma por mucho que nos guste?
Honestamente, cuando vi por primera vez esos videos de la cantante, me resultaron hasta incómodos. Es innegable que su nuevo personaje es desagradable (por decirlo suavemente), pero no es sorprendente si se está familiarizado con sus canciones o sus videoclips. Lo increíble es el rechazo por parte de sus seguidores, teniendo en cuenta que es una de las cosas de las que ella misma se burla. La cuestión es que parece ser que a la gente le gustaba su apariencia humana hasta ahora. Y, justo cuando se sale de lo que consideramos aceptable, volvemos a lo que se critica en sus obras. Como ya he dicho, no es nada nuevo, viniendo de Melanie. Sus videos son singulares e impactantes, pero contienen un mensaje clave para entender a esta artista.
¿Por qué censurar a las personas que pretenden romper las normas cuando hacen esto mismo? ¿No es mejor ver el significado y el motivo de su arte? Y es que me parece ridículo imposibilitar la opción de explorar todo tipo de estilos, mensajes, ritmos, o significados que se quiera dar, porque esa es la clave de la música, del arte: encontrar algo que nos represente.
Dana Álvarez Mayordomo