El saber es algo complicado, ya que es imposible saber algo del todo y con total certeza. Pero de ahí a la ignorancia hay una larga distancia. Una persona ignorante es la que no sabe ni tampoco hace nada por saber. Incluso peor: cree que es sabia y alardea de ello, pero en realidad no sabe nada o lo que sabe es equivocado. Alguien que busca saber, lo logre o no, no es ignorante, pues ha hecho por obtener sabiduría. A lo largo de nuestra vida, todos hemos tenido ocasiones en las cuales hemos querido saber más de un tema, tener más datos… Pero también ha habido ocasiones en las que hubiésemos deseado no saber nada del tema. Bien, dicho esto: ¿Es mejor saber o vivir en la ignorancia?
El ser ignorante o sabio depende del tema y de la experiencia. Es imposible ser sabio en todos los aspectos, pero también lo es ser ignorante. Como en todo, siempre hay gente que opina una cosa y otros otra totalmente diferente. Platón decía que la ignorancia es una enfermedad del alma y tiene dos grados. El grado más leve es cuando piensas que sabes algo, pero en realidad no lo sabes y por ello eres ignorante. Y el grado mayor y de gran preocupación es ignorar que eres ignorante. Platón concebía el saber, el conocimiento, como algo clave, una llave del Estado justo y la felicidad.
Una persona ignorante afirma sin saber o no discute, mientras que un sabio duda, piensa y argumenta. Para Sócrates, la ignorancia y la verdad están relacionadas mediante el bien moral. Quien conozca el bien y la verdad actuará de manera correcta, por lo que la persona que hace el mal es un ignorante. Podría conocer el bien, pero lo ignora.
En posición a estos dos filósofos se encuentra Kant, quien decía que la ignorancia pone visible la obligación de investigar. Hay que tener claro si realmente la falta de conocimiento es necesaria o no lo es. Kant decía que era imposible contradecir a un ignorante en una discusión. Esto se explica por el hecho de que los sabios, o más inteligentes, están llenos de dudas constantemente, mientras que los ignorantes están seguros de todo. Al estar seguros de todo, estos hacen dudar a los sabios, haciéndoles reflexionar sobre si, en realidad, son ellos los que saben o quien sabe es el ignorante.
En conclusión, opino que, aunque haya ocasiones en las que uno deba hacerse el ignorante, no se puede vivir en la ignorancia. Hay que saber, aunque sea un mínimo. Estoy de acuerdo con Sócrates y Platón, pero no creo que la sabiduría dé la felicidad. El lograr la felicidad es complicado, porque, más que un lugar, la felicidad es una dirección y varía continuamente. Por consiguiente, se puede ser feliz siendo ignorante, viviendo en tu mundo y sin ser sabio.
Mara García Rodríguez