Esta semana hemos recibido una carta de nuestra consejera de educación pidiéndonos a los estudiantes nuestra ayuda para acabar con el acoso escolar en los centros de enseñanza. ¿Pero cómo saber qué es acoso?
La RAE define acoso como la acción y efecto de acosar, que proviene del antiguo castellano “cosso” o “carrera”, y del prefijo “a-“, de aproximación; se trataba, así pues, de la persecución de una presa de caza. La OMS define el “bullying” en la actualidad como la intimidación física, psicológica o sexual contra una persona en edad escolar, reiterada en el tiempo, y que puede provocar daño, temor o tristeza en la victima o grupo de víctimas.
Si en Infantil un niño/a empuja a otro y le hace daño, le tira del pelo o le rompe sus lápices de colores y le hace llorar, se dice que son cosas de niños. En Primaria, cuando un alumno/a golpea a un compañero/a, le rompe sus libros e insulta a los profesores, se dice que tiene problemas y que hay que entender su situación, apoyarle. ¿Qué pasa si al llegar a la ESO el alumno/a ya tiene una posición afianzada de “intocable”? ¿Y si no se puede responder a sus agresiones con violencia y no se pueden castigar porque no está bien? Si por el contrario es un alumno/a sobresaliente, con buena relación con el profesorado, pero de manera silenciosa estuviera humillando y ninguneando a un compañero/a, se diría que interpretamos mal sus actos, que es muy buen/a chico/a.
Nos piden que denunciemos estas situaciones para que disfrutemos al ir a clase. ¿Realmente todos los compañeros a lo largo de 10 años de enseñanza obligatoria han mirado para otro lado? ¿Ninguno se ha quejado de los actos de ese alumno/a? ¿Ningún profesor se fijó en la conducta de esos alumnos/as?
Las normas y los valores que rigen la convivencia en las aulas las ponen los adultos. En ellas aprendemos lo que nos enseñan de manera directa o indirecta. ¿Si no denunciamos, somos cómplices del acosador/a o víctimas silenciosas que han aprendido la lección?
Sarah Solares Muñiz