La confianza es la capacidad de las personas para actuar de manera responsable, cumpliendo sus compromisos conforme a la situación. La confianza es imprescindible a la hora de establecer relaciones saludables, ya sea de amistad, de pareja, familiares o del ámbito profesional.

Sin embargo, la confianza no es algo que se pueda dar por supuesto. Se debe trabajar a través de acciones y palabras honestas y coherentes. El faltar a tal principio es un acto que puede llevar consigo consecuencias negativas en las relaciones personales y en la vida de los involucrados. Cuando alguien confía en nosotros, nos está concediendo una responsabilidad muy importante, y vulnerar su confianza puede ser asolador. Por ello, es vital reflexionar acerca de nuestras acciones y sus consecuencias. Si hemos traicionado la confianza de alguien, es indispensable pedir disculpas y hacer todo lo posible para reparar el daño ocasionado. Debemos explicar desde la honestidad las motivaciones que nos han llevado a atentar contra su confianza.

Ahora bien, existen situaciones en las que la motivación que te lleva traicionar esa confianza reside en evitar un daño irreparable para la persona o personas que te la otorgaron. En tal situación, habrá que valorar cuál de los daños es más importante, el que pretendes evitar con la traición a la confianza o el que ocurriría si no la traicionaras. Esto se explica mejor con un ejemplo. Imaginémonos que un compañero nos enseña un arma de fuego, con la que al día siguiente pretende disparar a todos los alumnos de su aula, porque son unos impresentables y lo desprecian continuamente. Aquí habría que sopesar cuál de los daños es mayor: el de la pérdida de confianza del compañero o el de intentar evitar la desgracia que, casi con toda seguridad, se producirá al día siguiente.

Invito a los lectores de este texto a que se pregunten lo mismo que yo: ¿Es lícito traicionar la confianza de alguien?

Alba Gómez Fernández