Los adolescentes están plenamente convencidos de que su aspecto físico es crucial para su felicidad. Consideran que, para alcanzar sus objetivos, deben ser aceptados por la sociedad. Es patente en todos lados: revistas, anuncios, televisión o películas lo muestran a diario. Esto hace que los adolescentes estemos comparándonos constantemente con los demás, lo que puede llevar a graves problemas de salud mental.
Como experiencia personal, la continua comparación con otros puede llegar a convertirse en una obsesión y, a raíz de eso, desembocar en trastornos alimenticios y enfermedades de salud mental como la depresión y la ansiedad. Una vez que entras en ese círculo obsesivo, es muy difícil de llevar sin ayuda de profesionales; y, aun así, la recuperación es difícil, pues los trastornos mentales sueles ser enfermedades crónicas. La labor de los profesionales de la salud mental es ayudar a conseguir una estabilidad emocional y física, pero siempre teniendo en cuenta las posibilidades de volver a recaer.
A mí me gustaría evitar esa perenne comparación de unos con otros, e ignorar los comentarios. Sé que deberíamos aceptarnos tal y como somos. Para encajar en la sociedad no debería ser tan importante el físico. El hecho es que, si alguien te acepta, o no, sólo por el físico, entonces es una persona que no merece la pena.
Adriana González de Lena Pérez