El ser humano siempre ha estado estrechamente relacionado con la naturaleza. Sus deseos por conocer y comprender todos los fenómenos que participan en ella no se deben solamente a una mera curiosidad. La supervivencia de la especie depende directamente de en qué estado se encuentre. Pero, lejos de aprender cómo cuidarla, hemos conocido primero cómo aprovecharnos de ella.

La madre Naturaleza tiene el poder imperioso de controlar a todos los seres vivos. Es la encargada de crear el ambiente adecuado para que las diferentes especies puedan poblar todos los hábitats del planeta Tierra. También se ocupa de protegernos, evitando que fuerzas mayores del exterior, del espacio, puedan afectar a nuestros cuerpos y extinguirnos. Nos ha ayudado a mantener un equilibrio entre todos los seres vivos, que en los últimos años ha ido quebrándose, con consecuencias que quizás terminen con nosotros antes de lo que pensamos.

La Naturaleza se ha pasado millones de años construyendo y perfeccionando algo que ha acabado siendo su propia destrucción. La evolución del ser humano ha dado lugar a una inteligencia abrumadora que ha sabido cómo utilizar su entorno en su propio beneficio. Esta misma inteligencia ha sido la creadora de las innumerables fábricas que expulsan gases contaminantes, de los combustibles fósiles que son derramados al mar, e incluso ha conseguido aprovecharse de otras criaturas y explotarlas para, de forma poco ética, producir alimento; todo, para mantener nuestra propia supervivencia. Pero de lo que no nos damos cuenta es de que, poco a poco, estamos dañando lo más esencial de la vida, el balance de la naturaleza.

Ahora bien, esta problemática puede estar llegando a su fin. Los jóvenes, como tú y como yo, debemos tomar las riendas del asunto. Tenemos la suerte de gozar de una educación que nos alimenta de conocimientos, como un pájaro alimenta a sus polluelos para que salgan adelante, y darles el impulso necesario de extender sus alas y volar. Debemos deja volar un nuevo pensamiento que equivalga a una nueva acción en contra de nuestros malos hábitos hacia la Naturaleza.

Nerea Lago López