En las relaciones entre personas, ya sean de amistad, familiares o amorosas, nos encontramos con una situación bastante delicada y desgastante: los vínculos tóxicos. Esta manera de relacionarse puede ser bastante dañina para nuestra salud mental y emocional. A medida que vivimos estas situaciones, aprendemos a ver sus causas y consecuencias. Y lo más importante, aprendemos a reconocerlas y liberarnos de ellas para llevar una vida sana y plena.

Los vínculos tóxicos se caracterizan por hacer que las personas sufran malos comportamientos y actitudes que siempre incluyen manipulación y abuso verbal, incluso a veces físico. Al final, estas actitudes solo crean inseguridades, dependencia emocional y grandes traumas a lo largo de la vida.

La causa más importante de las actitudes tóxicas es la falta de autoestima en las personas, que por lo tanto no confían en ellas mismas y mucho menos en su entorno. Por ello, necesitan controlar a los demás y sentir que están al mando de todo lo que les rodea. Y la consecuencia más clara de esta actitud es lo que se sufre y el malestar que se siente. Este tipo de vínculos nos cierran a posibles nuevas relaciones; nos impide evolucionar como persona; y lo más importante, no nos deja ser felices. En definitiva, nos hacen querernos menos a nosotros mismos y dejar de confiar en nuestras capacidades y forma de ser.

Una relación toxica desgasta, y mucho. Al final, para liberarnos de estos vínculos lo más importante es conocernos a nosotros mismos y querernos; y también recurrir a profesionales si nosotros mismos no podemos con la situación. Es necesario aprender a darnos cuenta de que algo va mal y saber rectificar o directamente cortar por lo sano. Así, conseguiremos llevar una buena vida con relaciones reales y que realmente nos aporten cosas buenas.

Pablo Piñera Hernández