La libertad de expresión es el principio que defiende que cada individuo o colectivo pueda expresar sus opiniones o ideas sin tener que sufrir represalias o ningún tipo de censura. Teniendo en cuenta su significado, ¿es lícito pensar que la libertad de expresión deba contar con límites?
En principio, parece complicado responder de forma afirmativa a esta pregunta, pero no es una respuesta tan sencilla como puede llegar a parecer. En diversos países democráticos, como España, la Constitución deja muy claro que la libertad de expresión no debe restringirse, aunque cuente con excepciones. Algunas de ellas son: el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen. Estas excepciones ya suponen unos límites para la libertad de expresión, aunque haya más casos a tener en cuenta.
Hoy en día, no cuesta encontrar noticias falsas o “fake news” divulgadas por medios de comunicación que deberían informar en lugar de hacer todo lo contrario, a veces amparándose en la libertad de expresión. La desinformación también es una práctica común en política; sobre todo desde sectores de ideologías extremas y en dictaduras. Se trata de utilizar a la prensa para publicar información falsa y, así, atacar a ciertos colectivos, con el objetivo de vulnerar sus derechos o libertades individuales. Paradójicamente, en muchas ocasiones, esto se justifica mediante la propia libertad de prensa y de expresión, que en realidad no existe si se utiliza para faltar a la verdad o para vulnerar los derechos humanos.
En resumen, podría decirse que la libertad de expresión es un pilar fundamental de cualquier democracia y que, en general, no debería limitarse, a menos que se utilice para atentar contra las libertades individuales y los derechos humanos, imprescindibles en nuestra sociedad.
Cristina Araujo Cal