La gran mayoría de nosotros tenemos familia, amigos, y algunos hasta pareja. En muchas ocasiones, podemos llegar a pensar que conocemos a la perfección a estas personas tan cercanas a nosotros. Incluso a veces nos atrevemos a predecir sus movimientos o pensamientos en diversas situaciones. ¿Pero realmente podemos conocer el modo de ser de alguien hasta tal punto?
Imaginemos que conocemos a una persona desde hace muchos años; que llevamos analizando sus comportamientos desde que sabemos de él o ella; y que hemos creado una gran confianza entre nosotros. ¿Podríamos llegar a decir entonces que le conocemos al completo? A raíz de compartir mucho tiempo con una persona, observando sus gestos y su forma de expresarse, es posible adquirir mucha información sobre ella. Si, además, ese alguien nos cuenta sus preocupaciones, opiniones, reflexiones… podríamos llegar a creer que sabemos todo sobre su forma de pensar. Por ejemplo: ¿Qué hay de un hijo que ha sido criado y educado por su madre desde que le ha dado vida que ella no conozca sobre él?
Sin embargo, Gabriel García Márquez dijo una vez algo que explica a la perfección mi opinión: “Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.” Debido a esto, no es tan fácil que alguien, por mucho que nos conozca, prediga nuestras acciones. Los seres humanos cambiamos y evolucionamos constantemente. Sea por la razón que sea, y en muchos casos imperceptiblemente, nuestra manera de pensar y concebir el mundo cambia. Además, la mente humana no es tan sencilla como a veces la pintamos. Es demasiado compleja como para conocerla con plenitud. Ni siquiera el propio sujeto es consciente en muchas circunstancias de sus motivaciones para hacer las cosas que hace.
En resumidas palabras, aunque dediquemos nuestros días a la observación exhaustiva de una persona, nunca lograremos comprenderla al completo. Siempre quedan matices ocultos en la mente que no podemos entender o aspectos nuevos que surgen a lo largo de su vida.
José Antonio Álvarez Fernández