La ciencia parece oponerse totalmente a la creencia de que existen uno o varios dioses. La ciencia se basa en la experimentación y la observación de la naturaleza para, así, intentar dar una explicación a nuestra existencia y a los sucesos que nos ocurren. Mientras tanto, el creer en dios es afirmar que existe al menos un “ser todopoderoso” que es el responsable de la creación del mundo, y de las cosas buenas y malas que nos pasan. ¿Podríamos decir, entonces, que un científico que cree en dios es respetable?

Teniendo en cuenta que los científicos son profesionales que se dedican a la investigación ‒es decir, a recoger datos y elaborar hipótesis que expliquen diferentes cuestiones‒, de primeras podríamos responder que no. Alguien que, a pesar de dedicar su vida a analizar datos objetivos y realizar experimentos con resultados tangibles, aun así, elige creer en un ente del cual no puede probar su existencia, debe de ser un fraude. No es fiel a su profesión ni a sus experiencias del día a día.

Sin embargo, si pensáramos así, en mi opinión, nos estaríamos olvidando de algo. Los humanos tenemos una parte racional y una “sentimental”, por llamarla de alguna manera. Los científicos, por su profesión y por la forma en la que está estructurada su mente, es normal que tengan la parte racional más “desarrollada” y se dejen llevar menos por la emotividad. Pero esa parte sensible sigue estando ahí; siguen siendo humanos. Y cuando ocurren desgracias, como, por ejemplo, la muerte de un ser querido, la ciencia no nos puede ofrecer consuelo, pero la religión, es decir, la existencia de un dios, sí. La creencia de que existe una deidad que cuida de todos nosotros y tiene planes perfectamente ideados para nuestras vidas es algo que tranquiliza mucho.

Además, no sólo en la desgracia podemos juntar a dios y a la ciencia, pues la evolución y los fenómenos naturales que ocurren no son totalmente incompatibles con la existencia de un dios. ¿Quién nos dice a nosotros que a las primeras bacterias no las creo un ente todopoderoso que quería que la vida se originase? ¿Quién nos dice que la evolución no es producto de una mente superior que “lo tenía todo pensado”? La ciencia no es capaz de dar explicación a todo y, si bien eso no significa directamente la existencia de un dios, para mí, ese pensamiento no es del todo ilógico. Hasta la fecha, nadie ha podido probar que haya o que no haya un dios, a pesar de las múltiples religiones que hay, y los miles de años que se lleva dándole vueltas a esta cuestión. Al fin y al cabo, el creer en un ser superior que vela por nosotros no es más que una forma de darnos consuelo y tener la seguridad de que, aunque todo nos falle, por lo menos va a haber alguien o algo a quién siempre le vamos a importar. Y científicos, o no, yo creo que eso es algo que a nadie le desagrada pensar.

Marta Álvarez Cuervo